Una vez fui Treintanyero, pero la edad no perdona.

De joven era yo especialito. Bastante, bastante especialito. Tan especialito que mi primera Constitución la escribí con 16 años.

Sí, mis primeros años fueron duros xD.

Esa Constitución que hice, que ahora sé que no tenía ni pies ni cabeza, estaba muy centrada en la parte de la organización del Estado. Y todo lo demás, que para mí era paja, lo dejaba porque tampoco entendía muy bien para qué estaba ahí: qué significaba que se enumeraran una serie de cosas que para mí no tenían una función clara. Luego, me puse a estudiar, pasaron años y años, y ahora ya entiendo un poco más la cosa.

En una Constitución cada palabra está elegida, y el orden de las palabras está elegido. Y el orden de los artículos. Y lo que no sale, es porque se ha querido que no salga.

Os voy a poner una serie de ejemplos de estas cosas que a mí me gustan con nuestra Constitución (podría hacerlo también de otras, pero sería puro estupendismo).

La primera frase del artículo 15 dice esto: «Todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral, sin que, en ningún caso, puedan ser sometidos a tortura ni a penas o tratos inhumanos o degradantes».

Fijaos en la primera palabra. No dice todas las personas. No dice todos los nacidos. No dice los nacidos y los no nacidos. Dice «todos». Y, ¿qué significa «todos»? ¿Por qué no dice «todas las personas»?

Otro ejemplo. El artículo siguiente, en el apartado tres dice esto: «Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones».

¿Qué cojones significa esto? ¿Somos un estado laico o no? El que diga «Iglesia Católica y las demás confesiones», ¿implica que hay algo especial con la Iglesia Católica o es irrelevante ponerla o no?

El último ejemplo que os voy a poner (pero hay muchos más) es el que más me gusta y, por lo que he visto, mucha gente no se da cuenta: ¿por qué se dejó fuera del procedimiento agravado de reforma constitucional al propio Título X, que es el que regula el procedimiento para hacer una reforma constitucional?

Estos ejemplos sirven para explicar lo que quería expresar. Todo, to-do, TODO lo que dice una Constitución y lo que no dice, el orden de las palabras, cómo lo dice o cómo decide no decirlo tiene una razón. No hay nada que esté ahí porque weno o porque mola, o que «sea irrelevante».

Y cuando hay dudas, para eso está el Tribunal Constitucional, que hace una cosa que se llama «mutación constitucional». Por decirlo así, es una interpretación de lo que dice la Constitución al albur del tiempo actual (o del tiempo en el que ha de emitir una sentencia).

Sería algo así como: si en ese momento se interpretaba que el derecho a X correspondía a una serie de cosas, ¿qué podemos colegir que diría el Constituyente de verse en la situación actual, con las cosas nuevas que hay?

Por poner otro ejemplo que viene estupendo: el artículo 32 dice que «El hombre y la mujer tienen derecho a contraer matrimonio con plena igualdad jurídica». La realidad en el mundo es que ahora entramos en el tema de los géneros, personas no binarias y cosas que yo no entiendo muy bien, pero que están ahí.

Teniendo en cuenta ese artículo de la Constitución y entendiendo el mundo de hoy en día, podemos decir que la Constitución impide que las personas de género no binario tengan derecho a casarse? ¿O los gays, que no son parejas formadas por un hombre y una mujer, sino que son dos hombres o dos mujeres?

Hay juristas que dicen que sí y juristas que dicen que no. Y los que deciden son los juristas del Tribunal Constitucional. Y aquí quiero decir una cosa sobre cómo se elige al Constitucional y por qué se elige así. Confiad en mí que todo al final tiene un sentido.

Nuestro TC tiene un cojón de gente. Son 12 personas. Esas doce personas tienen un mandato de 9 años cada uno y se renueva por tercios (4 personas) cada 3 años: 4 el Congreso, 4 el Senado, 2 el Gobierno y 2 el Consejo General del Poder Judicial.

En los Estados Unidos, no tienen Tribunal Constitucional. Tienen un Tribunal Supremo que hace las veces de Tribunal Constitucional, en el que tienen 9 jueces. Esos nueve jueces están ahí de por vida. Y se va renovando cuando uno de ellos se muere.

Fijaos la diferencia: En uno, el cargo se tiene un máximo de 9 años (no renovable en el siguiente plazo) y en el otro es de por vida. En uno, cada 3 años entra «sangre nueva» y en el otro entra «sangre nueva» según se vayan muriendo.

Esto significa que nuestro sistema está pensado (afortunadamente) para que se adapte, para que la mirada que se hace a la Constitución sea actual, no se fosilice: que los que van a decidir las mutaciones constitucionales estén en el «hoy» de la sociedad plural española.

El Constitucional es así de grande y de «renovado» para asegurarse de que distintas sensibilidades jurídicas están presentes en los debates y que hay una rotación continua de sus miembros. Y hay miembros con una sensibilidad más conservadora y otros con una más progresista. Y luego, en caso de que no haya unanimidad, se vota y se publican las sentencias y los votos particulares.

Y aquí vuelvo al origen de todo: son ellos, son ese cuerpo que se renueva por tercios y que no puede tener ningún miembro más de 9 años (sí puede pero no consecutivamente) el que ha de decidir la interpretación de las palabras de la Constitución. Y es bueno. Porque la mutación constitucional es la que hace que una Constitución sea algo «vivo».

Y ahora vuelvo a los ejemplos que puse al principio.

El «todos tienen derecho a la vida» viene porque el Constituyente, como no se ponía de acuerdo en lo del aborto: lo dejó en «todos», y que fuera el Tribunal Constitucional del futuro (está redactado en 1978) el que decida sobre el derecho al aborto.

El ejemplo del matrimonio gay y la gente binaria es uno de esos ejemplos en los que, probablemente, ni estaba en la cabeza de los Padres Constituyentes. Así que el TC tiene que decidir si lo querían prohibir, en igualdad de circunstancia y pensando que esos señores están en el hoy en día, o no.

El que salga especificamente «la Iglesia Católica y demás confesiones», es obvio, que da una preponderancia constitucional especial a la Iglesia Católica con respecto a todas las «demás confesiones». Que no se declare laico el Estado es porque el Estado no es laico. Y esto es obvio que lo quiso así el Constituyente.

El último ejemplo, es un tema más bonito y que trataré en otro post.

Y, como soy un romántico, sólo quiero deciros que, por todo lo que os he explicado más arriba, toda la Constitución, TODA ELLA, está en el artículo 1.1 de la Constitución, en esas 30 palabras y no otras, y en ese orden y no otro:

«España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.»

El resto de la Constitución, es explicar explicar el cómo proceder a partir de esas 30 palabras.

PD: El proyecto constitucional chileno era infumable. No eran conscientes de lo que estaban escribiendo. No al nivel de la mía de 16 años, pero weno.

(Este es el último post de esta trilogía sobre masonería, que, como siempre digo, refleja mi visión y de nadie más. Si alguien tiene preguntas, ahí está Google, o si tiene dudas que quiere preguntarme a mí y – y yo puedo responderlas – por Twitter o vía mail).

Hace muchos años, comentando anécdotas sobre cómo fue explicarle a la familia que uno se hacía masón, un hermano me contó que cuando se lo contó a su padre, su progenitor hizo una pausa de segundos y, con gesto grave, le preguntó: «pero, ¿has practicado…ritos?».

Esa entonación que le dio este hermano, esa pausa eligiendo la palabra con temor, me pareció una cosa deliciosa. Ese «ritos» como el epítome de todo lo que es la masonería.

Siguiendo con la alegoría poco agraciada del fútbol, podríamos decir que los ritos vienen a ser algo así como «estilos de juego de un equipo». Todos siguen las reglas, todos tienen el mismo objetivo, pero las formas son distintas. No es lo mismo el menottismo y el bilardismo; no es lo mismo el Tiki-Taka que el catenaccio. Pues con la masonería pasa lo mismo: cada logia trabaja (en general) en un rito, que le da un «sabor distinto» a ese trabajo.

Ritos hay bastantes y de todos los colores. Personalmente, yo he trabajado en cuatro: El rito Francés (RF), en el que me iniciaron; el rito Escocés Rectificado (RER), uno que he usado unas cuantas veces – y en el que sólo podemos ser iniciados los cristianos -; el Rito Escocés Antiguo y Aceptado (REAA que es el que os suena a todos de las pelis y cosas así); y el Rito de Emulación (RE), que es el que uso desde hace 12 años: mi rito.

No voy a meterme en el berenjenal de explicar cada uno de los ritos porque para eso está Google, pero podríamos decir que los ritos más importantes aquí y ahora son el Rito Escocés Antiguo y Aceptado y el Rito de Emulación.

En el REAA los trabajos se llaman planchas. Y la idea, más o menos es la siguiente: un hermano hace una plancha (que para entendernos, sería como un ensayo, o un paper de dos, tres o cuatro hojas) sobre un tema específico que lee ante el resto de hermanos de la logia. Y luego, los distintos hermanos, si quieren, por turnos, y de una forma muy reglada, dan su opinión sobre ese trabajo, o lo rebaten, o lo discuten. De nuevo, de una forma muy reglada. Si alguna vez veis un juicio, os daréis cuenta de que todo está muy reglado: los turnos, cuándo puede hablar alguien y cuando no, etcétera. Pues eso es así por una razón. Para que el debate (al final, un juicio es una sesión donde se van a debatir posturas enfrentadas) no se vaya de las manos ni se caliente demasiado.

Después de la tenida (la reunión oficial), se celebra lo que en rugby sería el tercer tiempo: todos se van a cenar juntos, distendidamente y aquí no ha pasado nada, porque todos somos hermanos.

El rito de Emulación tiene una filosofía distinta, en este sentido.

Aquí no hay uno que prepara un trabajo y luego quien quiere y puede lo discute o rebate, como en REAA. En el Rito de Emulación no hay debates. Dejadme explicar la dinámica y se entenderá mejor.

En Emulación, la comida, lo que sería el tercer tiempo en rugby, el Ágape, es parte de la tenida; es ritual y es obligatorio. No es un «y luego nos vamos a cenar». La cena y lo que pasa en ella es parte de la tenida.

En esas cenas, cada hermano tiene unos 3 minutos (más o menos) para hablar (normalmente de un tema propuesto con antelación por el Venerable Maestro, aunque hay sitios y veces donde el tema es libre). Y todo el mundo tiene que dar su visión sobre ese tema: esos tres minutos no se pueden usar para rebatir la visión de otros: han de ser para dar la tu visión; es para explicar lo que tú piensas (que te lo deberías traer preparado de casa, o al menos tener claro lo que piensas decir en esos tres minutos) cuando te toque hablar. Y así está bien y así construimos – cada uno, personalmente – nuestro pensamiento, entendiendo que hay distintas visiones de las cosas, y que la de uno mismo es una más.

Luego, cada logia lo practica el rito con su propio matiz; por ejemplo, hay logias de Emulación donde el Venerable Maestro es el último en hablar en la cena haciendo un resumen de todo y cerrándolo; en la mía el Maestro no interviene al final para hacer resumen: lo dicho dicho está y así está bien. Son pequeños matices que cada logia le da al rito.

Como os dije, son filosofías de juego distintas, pero es el mismo juego. A mí me gusta más mi rito porque lo conozco más y entiendo el porqué de hacer las cosas así y a otros les gustará más otros ritos porque entenderán que se crece más de otra forma. Y así está bien.

En otro orden de cosas, hay un tema del que he escuchado cada tontería que no puedo, no puedo, NO PUEDO dejar de comentar porque se dice cada cosa que es de Aurora Boreal.

Grado 33, grado 18, grados, GRADOS, GRADOS!

En masonería hay tres grados. Aprendiz, Compañero y Maestro. Y luego están los Altos Grados. Son otro tipo de logias (aunque se pueden llamar de distintas formas), en los que puedes entrar una vez que llegas a Maestro. Y hay muchas y de muchos tipos. De hecho, cada rito tiene sus altos grados propios.

El Rito de Emulación, que es el mío, tiene unos Altos Grados, en los que el principal es el Santo Arco Real de Jerusalén y tiene también órdenes caballerescas, de Temple y cosas así (y si no lo digo reviento: soy católico, he pertenecido a un rito en el que si no eres cristiano no puedes entrar, y estoy en una cosa que se llama Santo Arco Real de Jerusalén, MCEMPV, y me dicen que si quiero quemar iglesias por ser masón xD).

Y por otro lado REAA, tiene el Supremo Consejo del Grado 33. Si queréis ver su web, aquí la tenéis. Y luego ahí, pues tienen sus distintos grados y sus cositas para arriba. Son unos altos grados indicados para los que han trabajado mucho en REAA. Y de aquí es donde salen los numeritos que tanto os molan, de los grados: «es grado 18, DIOS MÍO!».

Luego, en el Rito Escocés Rectificado, tienen un Gran Priorato donde, como ya os dije, se ha de ser cristiano, y tiene todo tintes muy caballerescos.

Y así, muchos más. Hay muchísimos Altos Grados y Cuerpos Colaterales, que se llaman. Y cada uno, de su padre y de su madre. Y cada uno trabajará a su forma, y así está bien.

En resumen, masones hay muchos, ritos hay muchos, Obediencias hay muchas y logias hay muchas. No cometáis el error de pensar que un masón es eso que pensáis que es, porque no hay dos masones iguales ni que piensen lo mismo.

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Estuve tiempo pensando si debía de escribir una serie de posts sobre esto de la masonería o no. Sé que hay masones que este tipo de «exposición al público» no la ven conveniente, precisamente porque con lo que se dice de nosotros, como para encima señalarnos. O porque piensan que parte del ser de la masonería es que esté semioculta para los ojos de los profanos. Y son perspectivas que entiendo y respeto.

Sin embargo, desde mi perspectiva, opino que, salvo lo que no podemos decir por juramentos, no hacemos mal al explicar lo que sí podemos decir y además está en Google. Y es mejor que expliquemos nosotros algunas cosas a que las expliquen como quieran los conspiranoicos, y nuestro silencio no haga más que magnificar según qué barbaridades que se dicen.

Esto es lo que quería contaros. Si tenéis más dudas, Google, y luego preguntad.

He dicho.

(DISCLAIMER: Tipos de masonería hay muchas y visiones sobre lo que es ser masón también; sobre todo dentro de la Fraternidad. Esta es la mía, que sólo es una más.)

Por el desconocimiento y/o los prejuicios de los que hablábamos en el post anterior, muchas veces me preguntan qué es eso de la masonería, las logias, ritos… y yo lo trato de explicar usando una una analogía poco agraciada pero efectiva: pensemos en los masones como futbolistas (no futboleros: futbolistas; hombres y mujeres que, en algún momento de su vida, se han tomado en serio lo de jugar al fútbol, profesionalmente o no).

Repito, es una analogía poco agraciada pero efectiva para explicar lo que son las distintas estructuras que hay la masonería, pero ni los masones somos futbolistas, ni competimos entre nosotros. Nada más.

Nada más, recordemos.

Todos los futbolistas tienen en común el saber jugar al fútbol (independientemente de que el físico ya no lo permita): conocen las reglas, conocen «el arte de jugar al fútbol» y los otros futbolistas reconocen que han jugado al fútbol (ya sea porque lo han comprobado hablando con otros futbolistas que le conocen o porque, tras hablar un buen rato con ellos, llegan a la conclusión de que, efectivamente, esos saben y no de oídas).

Para jugar al fútbol en serio (o haberlo hecho) se ha de estar (o haber estado), al menos, en un equipo. Ese equipo ha de estar en una liga y esa liga tiene una serie condiciones: has de tener una edad, es masculina, femenina o mixta, y si un equipo está en la liga española, no puede estar al mismo tiempo en la liga francesa. O si un equipo está en la liga masculina, no puede estar al mismo tiempo en la femenina. Pero futbolistas son todos y todos se reconocen como futbolistas.

Digamos que con la masonería pasa algo parecido: todos somos masones porque hemos pertenecido a alguna logia, y para estar en una logia tienen que haberte enseñado el uso de ciertas herramientas, palabras y símbolos. Y si lo sabes, no puedes «dejar de saberlo» (puedes dejar de jugar al fútbol, pero no puedes «desaprender a jugar»; de la misma manera, puedes no estar en ninguna logia en activo, pero eso no hace que dejes de ser considerado como masón).

Una logia es un grupo de masones más o menos estable (imaginemos un equipo de fútbol, con sus veintitantos jugadores) y normalmente está dentro de una obediencia (vaya palabra sospechosa, por lo demás: ¿a quién obedeces más allá de la Patria? xD), que vendría a ser como como una federación de fútbol, digamos, con otras logias. Si estás en una federación, has de cumplir sus normas y además, tu equipo no puede estar en otra al mismo tiempo.

Ahora, si en el equipo no estáis a gusto, podéis decidir iros de esa federación y a ver si hay suerte y os aceptan en otra. Y si no, pues sois un equipo de fútbol que no puede jugar oficialmente en ningún sitio, pero quedáis para jugar pachanguitas, hasta que alguna federación os acepte. Creo que la analogía se entiende bien.

Y aquí llegamos al tomate, amadísimos todos.

Un tema fundamental de la masonería, fun-da-men-tal, FUNDAMENTAL, es el de Dios. Ya sea para creer o para no creer, es un tema capital. Es por este tema (entre otros, pero este es de los más importantes) que hay distintas obediencias.

Hay obediencias (como en la que estoy yo) donde es necesario, condición sine qua non, creer en un dios (en cualquiera, pero creer en algo trascendente); hay otras donde no es necesario creer en ningún dios (y hay masones que creen y otros que no creen) y hay otras obediencias donde en teoría no es necesario creer en ningún dios, pero en realidad son más bien ateos y un poquito anticlericales. Hay de todo, como en botica. Y esta diferencia, tiene, obviamente, consecuencias prácticas:

A finales del siglo XVIII, hubo dos Revoluciones muy inspiradas por la masonería, pero con una filosofía distinta con respecto a la Trascendencia: la Revolución Americana y la Revolución Francesa. Ambas dieron dos sistemas políticos nuevos y laicos: el de un nuevo país, los Estados Unidos y el de una nueva República, la francesa. Y, como cualquiera con dos ojos puede ver, la forma de entender el laicismo y el Hecho Religioso en uno y en otro país son totalmente distintos (y aquí voy a dejar este punto específico, pero que da para escribir bastante). Creo que se entiende bien lo que quiero decir.

Otro de los grandes grandes temas en masonería -que provoca que existan distintas obediencias – es el encaje de las hermanas (recordemos: todos somos masones, todos somos futbolistas, todos somos hermanos y hermanas).

Hay obediencias donde sólo están permitidas las logias de hombres (como la mía, la Gran Logia de España), otras donde sólo están permitidas logias de mujeres (como la Gran Logia Femenina Española) otras que siempre permitieron logias masculinas, femeninas y mixtas (como la Gran Logia Simbólica Española, y el Derecho Humano, creo), y otras que siempre fueron masculinas pero que ahora permiten también logias mixtas y femeninas, creo (como el Gran Oriente de Francia). Hay más obediencias en España, más grandes y más pequeñas, y también algunas logias que no están adscrita a ninguna obediencia; pero con estas dos pinceladas creo que, más o menos, nos entendemos.

Total, que con todo esto, como podéis imaginaros, cada obediencia tiene un «sabor» distinto: hay obediencias que tienen un componente más «ideológico-social» que otras (a pesar de que en nuestras reuniones oficiales está prohibido hablar de política y de religión), y hay otras en las que ese tema «ideológico-social» está fuera, o se intenta.

Para haceros una idea de la mía, en ella es obligatorio ser un hombre, creer en un Dios, respetar las leyes del país, y para rizar el rizo, en las cenas, en todas las cenas, en todas y cada una de las cenas, el primer brindis es por el Rey (porque es el Jefe del Estado). Sé que esta no es la masonería que tienen algunos en la cabeza, pero ya veis xD, es donde yo estoy y donde que me siento cómodo).

Creo que, con lo poco garabateado, puede quedar más o menos claro que masones hay muchos (y muchas), de muy distintas formas ser, pensar y de vivir, muchas logias, muchas obediencias y muchas filosofías distintas dentro de la masonería. Hay de todo, como en botica (qué pesadito soy con la expresión esa).

En el siguiente post, cerramos la cosa con los ritos, que, siguiendo con el fútbol, sería como que tu equipo practique una filosofía de juego u otra; ya sea Bilardismo, Menottismo, el Tiki-Taka, Catenaccio…como lo queráis llamar.

Os quiero.

(DISCLAIMER: Esta es mi visión de las cosas. La mía y sólo me representa a mí. Cada masón tiene su interpretación de la cosa, que puede ser parecida a esta o muy distinta y eso es lo bonito: que cada uno ve las cosas como más le llene.)

Como yo he venido aquí a hablar de mi libro, y uno de mis libros es el tema de que los masones no somos esos señores (o señoras) que Vuestras Excelencias creen, aquí estamos.

Voy a empezar con un post que intentaré que sea didáctico y simple sobre el sobre el contubernio judeo-masónico-comunista, qué es y de dónde viene eso; luego hablaré un poco de la masonería actual, de los tipos mayoritarios que hay en esta España mía, esta España nuestra, y en el tercero hablaré de dónde estoy yo, qué rito practico y por qué. Trataré de no ser un coñazo, pero soy un hombre con poca fuerza de voluntad.

Empezamos.

Vamos a situarnos históricamente en lo que se llama «el período de entreguerras»: Revolución rusa, República de Weimar, Crisis del 29 y todas estas cositas. En ese momento hay tres modelos de Estado en Occidente: las democracias liberales (que iban para abajo en ese momento por sus eternos debates y su falta de resolución) y las dos chicas nuevas en la oficina: el comunismo y el fascismo.

Por resumir muchísimo e ir al meollo del tema (muy, muy, muy resumido), el comunismo no creía, por aquel entonces, en las naciones como nosotros las entendemos (que ellos llamaban burguesas) en tanto en cuanto las veían como un mecanismo de las clases dominantes para someter al Proletariado, cada uno en su zona geográfica.

Ellos querían hacer un mundo nuevo y un Hombre Nuevo donde el Proletariado Internacional fuera tomando el poder, de una forma u otra, en cada uno de los «Estados» para, poco a poco, ir incorporándolos a esa unión de pueblos organizados en Soviets que se llamaba la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (tanto es así que hasta 1944, durante casi 30 años, el himno en la Unión Soviética era «La Internacional», hasta que ese Hombre de Paz que era José Stalin, llegó a la conclusión de que un poco de patriotismo nacional era necesario).

El fascismo surge como respuesta al comunismo en el sentido de que la Nación, la Patria, está por encima de todo (otro día hablaremos de esto); esto choca frontalmente con las ideas internacionalistas de «vamos a suprimir el concepto burgués de nación». Con lo cual, tenemos dos «grandes pulsiones ascendentes» en Occidente: una «internacionalista y antinacionalista» (digamos) y otra «hipernacionalista e hiperpatriótica» (ma-o-meno).

Seguimos.

Francisco Franco era un señor más bien bajito y con una voz poco agraciada, que también era el general más joven de Europa, por aquel entonces. Y – por una serie de maniobras suyas y casualidades – tras el Golpe de Estado-Alzamiento-Whatever del 18 de Julio de 1936 y su subsiguiente Guerra Incivil, llegó a ser Jefe del Estado Español (y Jefe de todo) durante casi 40 años.

Este señor tenía una serie de obsesiones (muchas, muchas obsesiones) y una de ellas era la masonería. Si queréis saber de esta obsesión suya, hay bastante literatura al respecto enlazada en un sitio web que se llama Google. Aquí os quiero hablar un poco del contexto histórico e ideológico por el cual el «temita» que le tenía Franco a la masonería estaba apoyado por una especie de idea filosófica.

La lógica franquista (que proviene del fascismo y otras fuentes) diría algo así (y este es el meollo del tema): si la Patria está por encima de todo y todos, todo aquello y todos aquellos que nosotros consideremos que no creen en la superioridad de la Patria, están juntos en un plan contra su superioridad intrínseca. ¿Y quiénes son estos?

Por un lado los judíos. ¿Por qué? Porque para ellos eran un pueblo, una nación sin territorio propio que estaba en todos los territorios desperdigada, con sus objetivos «de grupo nacional», que eran objetivos distintos a los legítimos de cada una de las Patrias (decían los fascistas y otros, repito).

Por otro lado los comunistas, por eso que hemos explicado más arriba del internacionalismo.

Y en tercer lugar, estaban los masones, que, según ellos, eran esos señores que habían participado tanto en la Revolución Americana y en la Revolución Francesa, que creían en un concepto tan vago como la Humanidad y que eran de obediencia extranjera (ya que dependían, en muchos casos de la masonería francesa o inglesa, y, por tanto, no consideraban que la Patria está por encima de todo por sus juramentos). Por tanto, eran antipatriotas. En nuestro caso, malos españoles.

Uno más uno más uno son tres, quién me lo iba a decir: tres entidades «supranacionales» que iban contra la superioridad de la Patria: el judaísmo, el comunismo y la masonería. Voilà: aquí tenemos el contubernio judeomasónico y comunista.

Era ese el discurso sobre el que el franquismo sustentó el contubernio (dejamos para otro momento las razones históricas, por las que cierto tipo de masonería bastante anticlerical y bastante afrancesada tuvo bastante peso en el devenir de la II República Española…durante un tiempo).

Franco, pacientemente, durante 40 años, por el bien de la Patria (decía), luchó contra el contubernio, y por eso encarceló y fusiló a muchos, muchísimos masones, y, con más paciencia aún, tuvo todo un Estado a su disposición para meter en la cabeza de la gente su visión de la masonería como un cáncer para el país (me ha contado mi amigo Arnau que visitó la «imitación de una logia masónica» que existe en el Archivo de Salamanca, y vistas las fotos, es un sitio tétrico, desagradable y que da el mal rollo de la vida. Incluído a él…y a mí, vistas las fotos).

Por eso, durante 40 años se asoció en España a toda la masonería con el anticlericalismo y antiespañolismo. Y hoy en día, 40 años después de esos 40 años, aún hay mucha, muchísima gente – la mayoría por puro desconocimiento, una minoría porque ya les va bien un «culpable fácil» – que sigue pensando que todos los masones, si son masones son antiespañoles, anticlericales y rojazos…y hay algunos que lo son, y hay muchos, muchísimos que no lo son (y el que me conoce sabe que puedo ser muchas cosas, pero de lo último que se me puede acusar a mí es de antiespañol, anticatólico o rojazo. Otra cosa es que sea un hombre con contradicciones…como todos, pero eso es otro tema xD).

Seguimos en el siguiente post.

PD: Os recomiendo en-ca-re-ci-da-men-te que veáis «Mientras dure la guerra», de Amenábar; toca en algunos momentos este tema.

Hace cierto tiempo que se empezó a hablar de las democracias iliberales (que, para mí, son antiliberales más que iliberales) y tenía ganas de decir un par de cosas al respecto. Cosas que he dicho en Twitter y Facebook, pero que me apetece poner negro sobre blanco.

Una palabra que mucha gente usa pero poca gente sabe lo que significa del todo, o cree que significa una cosa que no es (o cree que no significa una cosa que sí que es) es la palabra «democracia».

Etimológicamente, «democracia» viene de las palabras gobierno y pueblo. Es, por decirlo así, «gobierno del pueblo». Del pueblo, no de la mayoría. Del pueblo como un concepto completo. Esto es importante, porque una mayoría no es el pueblo. Es una parte del pueblo, pero no el pueblo. Guardemos este concepto en la cabeza un rato y luego volveremos a él.

Tipos de democracia hay muchas. Hay democracias sin partidos políticos, democracias de partido único, democracias orgánicas y todo lo que queráis. No me extenderé en este tema porque para esto está la Wikipedia si alguien quiere saber más, pero, por ejemplo, Cuba dice ser una «democracia de partido único», en la que el pueblo puede «libremente» elegir a sus representantes, pero esos representantes sólo pueden aplicar la doctrina comunista; formalmente el franquismo (según ellos) era una «democracia orgánica» porque el pueblo podía elegir «libremente» a sus representantes, en tanto en cuanto estuvieran adscritos a los Principios Fundamentales del Movimiento.

Pero todo eso no es una democracia para nosotros. A lo que nosotros llamamos democracia se la conoce por el apellido «liberal» (no confundir con el Estado Liberal, que es otra cosa del pasado). Vamos a entrar en el intríngulis de todo esto.

En Occidente vivimos en sociedades plurales. ¿Qué significa eso? Que en nuestras sociedades hay de todo, como en botica. Gente buena, mala, mediopensionista, de izquierda, de derecha, con dinero, sin dinero, trabajadores, empresarios, del Recre, del Barça, creyente, atea y hasta algunos a los que no les gusta Supertramp. Hay de todo. Hay muchas visiones de sí mismos, de la vida, del país, del mundo, de la economía y de todo y muchas de ellas opuestas. Y además, la gente cambia de opinión. A eso se le llama pluralismo.

Entonces, tenemos que el Pueblo (con mayúscula, porque sólo hay uno) es mucha gente, muy distinta, que piensa muchas cosas distintas, y que además puede cambiar de opinión. Ahora sí que necesitamos retomar lo de «gobierno del Pueblo» y no de una mayoría coyuntural.

Las democracias liberales son aquellas que presuponen que el Pueblo es plural, con muchas visiones políticas distintas, y que además esas visiones pueden cambiar (el pluralismo político). Es decir, un sistema de gobierno de todo el Pueblo donde, al poder cambiar de opinión su gente, los que ahora son mayoría pueden ser mañana minoría, y que (como Pueblo somos todos), las mayorías no se puedan comer a las minorías, precisamente entre otras cosas, porque nadie te asegura a ti que mañana no vas a ser tú minoría y lo que no quieres para ti no lo quieres para los demás.

Por tanto, ha de ser un sistema en los que la mayoría que en un momento puede ostentar la responsabilidad de gobernar (tener el Gobierno, vaya), ha de estar muy controlada por otros que no son ellos mismos – ni de los suyos – para asegurarse de que respeta a los que no son los suyos, porque recordemos que el Sistema es de todos, no de la mayoría (eso es otra cosa de la que hablaremos otro día, supongo).

Todo esto está muy bien y es muy bello, pero todos sabemos que la gente puede no ser tan bella como las palabras; y como el ser humano es ambicioso de por sí y si el poder corrompe, el poder absoluto corrompe absolutamente, es importante, como dijo James Madison, frenar la ambición con la ambición. Por eso, en las democracias liberales, el Poder tiene bastantes frenos y controles y el Gobierno no debe poder hacer lo que le apetezca sin dar explicaciones a nadie y sin control. Aquí sale lo del «check and balance»: los contrapesos.

Los contrapesos para «frenar» a quienes tienen la responsabilidad coyuntural de gobernar son fundamentales en la democracia liberal: una Justicia independiente, una oposición con la capacidad de fiscalizar y unas entidades en la Administración fuera del juego político.

Esa es la esencia de la democracia liberal: un sistema plural con elecciones libres y competitivas (las dos cosas) donde se elige regularmente a una serie de señores, de distintas ideologías, donde unos ostentan el Poder y otros les controlan y otros se presentan como alternativa a los que tienen el Poder. Un sistema con muchos contrapesos para tratar de hacer evitar que algún Gobierno vaya demasiado lejos y asuma más poder del que les corresponde (ellos y sus sucesores, porque los poderes extra que se da un Gobierno a sí mismo se lo dan también a los otros que vengan después).

Un sistema que controle las veleidades que pueda tener un Poder Ejecutivo de coartar los derechos de quienes no piensan como ellos. Un sistema, en definitiva que evite que una parte coyunturalmente dominante (pero una parte nada más) trate de «desvirtuar» el sistema de todos para poder hacer aquello que, en filosofía liberal, no pueden hacer salvo que tengan la «bendición» de otras partes del Sistema (y no hablo sólo de ley, ojo).

Este coñazo que os he soltado, es, en esencia la democracia liberal, que es a lo que nosotros llamamos democracia.

Los antiliberales (también llamados iliberales) no creen en la democracia liberal. O creen sólo formalmente. Su visión filosófica, digamos, va por otro lado. Va por el lado de que el Sistema, el Estado, ha de estar orientado hacia un objetivo específico (y no otro).

Puesto de otra forma, en algo así: «No queremos este Sistema tal y como está. Queremos otro sistema, o una reorientación del Sistema (que no quiere buena parte del Sistema pero nosotros sí); así que, ahora que tenemos el Poder, hemos de reorientar las bases del Sistema (no estos 4 años de Gobierno: el Estado, el Sistema completo) hacia un objetivo determinado que nosotros queremos, que es A. Por tanto, si la mayoría ha elegido a un Gobierno con el objetivo A, ese objetivo A ya es objetivo de todo el Estado, de todo el Sistema, del país. Por tanto, el que se oponga al objetivo A va en contra del objetivo del Estado, y como el objetivo del Estado está por encima de vaivenes políticos, es lógico que se defiendan los objetivos del Estado, que somos nosotros, y por tanto, hay que luchar contra aquellos que están en contra el Estado. ¿Cómo? Empecemos quitándoles contrapesos. Cuantos menos contrapesos tenga el Gobierno, menos fiscalización, y menos problemas para hacer el objetivo A.»

¿Precio a pagar?

Si te cargas contrapesos, es más difícil que otros puedan llegar al Gobierno en buena lid (yo espero que alguien se levante un día y se pregunte por qué los antiliberales duran tanto en el Gobierno, si es porque son una maravilla o es quizá porque usan todos los resortes del Estado (incluso los que no deberían), para seguir en el Poder).

Por otro lado, cuando empiezas a tirar millas, y haces un Estado «de parte», por definición dejas fuera de lo que es un buen ciudadano a quien no comparta los objetivos A. Esto tiene, como consecuencia, que a largo plazo la definición de Pueblo cambia. Ya hay dos «Pueblos»: el Pueblo como entelequia puramente legal, y el Pueblo de verdad que es el que comparte el objetivo A, y a ese le ayuda toda la maquinaria del Estado. Y el que no es Pueblo de verdad, o termina exiliado o termina mamando o termina mal a largo. Por eso es tan peligroso el antiliberalismo: porque hace un sistema de parte. Y no lo hace de un día para otro, es un movimiento lento, poco a poco.

La democracia liberal no son leyes, o no son sólo leyes. Es una filosofía entera que se basa en que el Pueblo es mucha gente muy diversa y que cambia, y esa gente que cambia tiene un sistema político hecho para que la inmensa mayoría, si no todos, estén dentro del sistema: unas veces gobernando, otras veces controlando y otras veces pactando. Vigilándose todos entre todos y evitando, entre todos, que un grupo, en un momento dado, por una mayoría coyuntural, por un resquicio legal o por creerse más listo que ninguno, trate de coger más poder del que le corresponde. Y si lo hace, que haya formas de corregirlo y de que asuma las consecuencias de sus decisiones. Y que los cambios en la arquitectura del sistema se hacen con el consenso apropiado de una gran parte de esa sociedad plural.

Hay muchos ejemplos recientes en muchos países que han caído en lo más bajo del pozo antiliberal (Hungría, Venezuela) y otros que hacen cosas antiliberales, pero aun así se producen cambios de Gobierno (Los Estados Unidos, el Reino Unido, Argentina, Bolivia).

En esta España mía, esta España nuestra, el momento antiliberal fuerte empezó en 2014 con unos señores que decían no se qué de «romper el candado del 78» (mirad lo que escribí al respecto hace 7 años, siete, al respecto), pero todos los Presidentes, todos, han tenido como mínimo un momento antiliberal (que, repito, no va de saltarse la ley; va de cambiar leyes sistémicas para cambiar la filosofía del juego sin un gran pacto dentro del sistema, o hacer algo que en las reglas del juego está feo). Por poner algunos ejemplos (me dejo a los Presidentes de la UCD fuera):



1.- Felipe González hizo una RTVE de parte parte (y no es el único) y cambió la LOPJ para que el Congreso metiera mano en los nombramientos de los jueces en el CGPJ, que no era lo que estaba pensado en la Constitución.

2.- José María Aznar rompió el consenso en Política Exterior entrando en la Guerra de Irak, y además nombró a un diputado del PP Director General de RTVE.

3.- José Luís Rodriguez Zapatero rompió el consenso en política territorial y además hizo nombramientos en el Banco de España que ni eran independientes ni estaban pactados, como siempre.

4.- Mariano Rajoy declinó el mandato del Rey de intentar formar Gobierno en 2015 e intentó que el Congreso de 2015 se autodisolviera para repetir elecciones sin que hubiera ningún candidato a la investidura.

5.- Pedro Sánchez ha nombrado a su ministra de Justicia Fiscal General del Estado y ha cambiado, sin consenso de la oposición, la LOPJ, dos veces, quitándole funciones mientras no estaba reelegida. Intentó también cambiar las mayorías de elección del CGPJ para hacerlo por mayoría absoluta pero Europa dijo nein.


En suma, ni la democracia liberal es una cuestión de leyes, ni el ser antiliberal es tampoco una cosa de leyes. Es una forma de entender la sociedad donde vivimos y al resto de la gente que no somos nosotros ni piensa como nosotros.

PD: Antiliberalismo químicamente puro fue lo que pasó en un lugar de España de cuyo nombre no quiero acordarme hace pocos años.