masonería

(Este es el último post de esta trilogía sobre masonería, que, como siempre digo, refleja mi visión y de nadie más. Si alguien tiene preguntas, ahí está Google, o si tiene dudas que quiere preguntarme a mí y – y yo puedo responderlas – por Twitter o vía mail).

Hace muchos años, comentando anécdotas sobre cómo fue explicarle a la familia que uno se hacía masón, un hermano me contó que cuando se lo contó a su padre, su progenitor hizo una pausa de segundos y, con gesto grave, le preguntó: «pero, ¿has practicado…ritos?».

Esa entonación que le dio este hermano, esa pausa eligiendo la palabra con temor, me pareció una cosa deliciosa. Ese «ritos» como el epítome de todo lo que es la masonería.

Siguiendo con la alegoría poco agraciada del fútbol, podríamos decir que los ritos vienen a ser algo así como «estilos de juego de un equipo». Todos siguen las reglas, todos tienen el mismo objetivo, pero las formas son distintas. No es lo mismo el menottismo y el bilardismo; no es lo mismo el Tiki-Taka que el catenaccio. Pues con la masonería pasa lo mismo: cada logia trabaja (en general) en un rito, que le da un «sabor distinto» a ese trabajo.

Ritos hay bastantes y de todos los colores. Personalmente, yo he trabajado en cuatro: El rito Francés (RF), en el que me iniciaron; el rito Escocés Rectificado (RER), uno que he usado unas cuantas veces – y en el que sólo podemos ser iniciados los cristianos -; el Rito Escocés Antiguo y Aceptado (REAA que es el que os suena a todos de las pelis y cosas así); y el Rito de Emulación (RE), que es el que uso desde hace 12 años: mi rito.

No voy a meterme en el berenjenal de explicar cada uno de los ritos porque para eso está Google, pero podríamos decir que los ritos más importantes aquí y ahora son el Rito Escocés Antiguo y Aceptado y el Rito de Emulación.

En el REAA los trabajos se llaman planchas. Y la idea, más o menos es la siguiente: un hermano hace una plancha (que para entendernos, sería como un ensayo, o un paper de dos, tres o cuatro hojas) sobre un tema específico que lee ante el resto de hermanos de la logia. Y luego, los distintos hermanos, si quieren, por turnos, y de una forma muy reglada, dan su opinión sobre ese trabajo, o lo rebaten, o lo discuten. De nuevo, de una forma muy reglada. Si alguna vez veis un juicio, os daréis cuenta de que todo está muy reglado: los turnos, cuándo puede hablar alguien y cuando no, etcétera. Pues eso es así por una razón. Para que el debate (al final, un juicio es una sesión donde se van a debatir posturas enfrentadas) no se vaya de las manos ni se caliente demasiado.

Después de la tenida (la reunión oficial), se celebra lo que en rugby sería el tercer tiempo: todos se van a cenar juntos, distendidamente y aquí no ha pasado nada, porque todos somos hermanos.

El rito de Emulación tiene una filosofía distinta, en este sentido.

Aquí no hay uno que prepara un trabajo y luego quien quiere y puede lo discute o rebate, como en REAA. En el Rito de Emulación no hay debates. Dejadme explicar la dinámica y se entenderá mejor.

En Emulación, la comida, lo que sería el tercer tiempo en rugby, el Ágape, es parte de la tenida; es ritual y es obligatorio. No es un «y luego nos vamos a cenar». La cena y lo que pasa en ella es parte de la tenida.

En esas cenas, cada hermano tiene unos 3 minutos (más o menos) para hablar (normalmente de un tema propuesto con antelación por el Venerable Maestro, aunque hay sitios y veces donde el tema es libre). Y todo el mundo tiene que dar su visión sobre ese tema: esos tres minutos no se pueden usar para rebatir la visión de otros: han de ser para dar la tu visión; es para explicar lo que tú piensas (que te lo deberías traer preparado de casa, o al menos tener claro lo que piensas decir en esos tres minutos) cuando te toque hablar. Y así está bien y así construimos – cada uno, personalmente – nuestro pensamiento, entendiendo que hay distintas visiones de las cosas, y que la de uno mismo es una más.

Luego, cada logia lo practica el rito con su propio matiz; por ejemplo, hay logias de Emulación donde el Venerable Maestro es el último en hablar en la cena haciendo un resumen de todo y cerrándolo; en la mía el Maestro no interviene al final para hacer resumen: lo dicho dicho está y así está bien. Son pequeños matices que cada logia le da al rito.

Como os dije, son filosofías de juego distintas, pero es el mismo juego. A mí me gusta más mi rito porque lo conozco más y entiendo el porqué de hacer las cosas así y a otros les gustará más otros ritos porque entenderán que se crece más de otra forma. Y así está bien.

En otro orden de cosas, hay un tema del que he escuchado cada tontería que no puedo, no puedo, NO PUEDO dejar de comentar porque se dice cada cosa que es de Aurora Boreal.

Grado 33, grado 18, grados, GRADOS, GRADOS!

En masonería hay tres grados. Aprendiz, Compañero y Maestro. Y luego están los Altos Grados. Son otro tipo de logias (aunque se pueden llamar de distintas formas), en los que puedes entrar una vez que llegas a Maestro. Y hay muchas y de muchos tipos. De hecho, cada rito tiene sus altos grados propios.

El Rito de Emulación, que es el mío, tiene unos Altos Grados, en los que el principal es el Santo Arco Real de Jerusalén y tiene también órdenes caballerescas, de Temple y cosas así (y si no lo digo reviento: soy católico, he pertenecido a un rito en el que si no eres cristiano no puedes entrar, y estoy en una cosa que se llama Santo Arco Real de Jerusalén, MCEMPV, y me dicen que si quiero quemar iglesias por ser masón xD).

Y por otro lado REAA, tiene el Supremo Consejo del Grado 33. Si queréis ver su web, aquí la tenéis. Y luego ahí, pues tienen sus distintos grados y sus cositas para arriba. Son unos altos grados indicados para los que han trabajado mucho en REAA. Y de aquí es donde salen los numeritos que tanto os molan, de los grados: «es grado 18, DIOS MÍO!».

Luego, en el Rito Escocés Rectificado, tienen un Gran Priorato donde, como ya os dije, se ha de ser cristiano, y tiene todo tintes muy caballerescos.

Y así, muchos más. Hay muchísimos Altos Grados y Cuerpos Colaterales, que se llaman. Y cada uno, de su padre y de su madre. Y cada uno trabajará a su forma, y así está bien.

En resumen, masones hay muchos, ritos hay muchos, Obediencias hay muchas y logias hay muchas. No cometáis el error de pensar que un masón es eso que pensáis que es, porque no hay dos masones iguales ni que piensen lo mismo.

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Estuve tiempo pensando si debía de escribir una serie de posts sobre esto de la masonería o no. Sé que hay masones que este tipo de «exposición al público» no la ven conveniente, precisamente porque con lo que se dice de nosotros, como para encima señalarnos. O porque piensan que parte del ser de la masonería es que esté semioculta para los ojos de los profanos. Y son perspectivas que entiendo y respeto.

Sin embargo, desde mi perspectiva, opino que, salvo lo que no podemos decir por juramentos, no hacemos mal al explicar lo que sí podemos decir y además está en Google. Y es mejor que expliquemos nosotros algunas cosas a que las expliquen como quieran los conspiranoicos, y nuestro silencio no haga más que magnificar según qué barbaridades que se dicen.

Esto es lo que quería contaros. Si tenéis más dudas, Google, y luego preguntad.

He dicho.

(DISCLAIMER: Esta es mi visión de las cosas. La mía y sólo me representa a mí. Cada masón tiene su interpretación de la cosa, que puede ser parecida a esta o muy distinta y eso es lo bonito: que cada uno ve las cosas como más le llene.)

Como yo he venido aquí a hablar de mi libro, y uno de mis libros es el tema de que los masones no somos esos señores (o señoras) que Vuestras Excelencias creen, aquí estamos.

Voy a empezar con un post que intentaré que sea didáctico y simple sobre el sobre el contubernio judeo-masónico-comunista, qué es y de dónde viene eso; luego hablaré un poco de la masonería actual, de los tipos mayoritarios que hay en esta España mía, esta España nuestra, y en el tercero hablaré de dónde estoy yo, qué rito practico y por qué. Trataré de no ser un coñazo, pero soy un hombre con poca fuerza de voluntad.

Empezamos.

Vamos a situarnos históricamente en lo que se llama «el período de entreguerras»: Revolución rusa, República de Weimar, Crisis del 29 y todas estas cositas. En ese momento hay tres modelos de Estado en Occidente: las democracias liberales (que iban para abajo en ese momento por sus eternos debates y su falta de resolución) y las dos chicas nuevas en la oficina: el comunismo y el fascismo.

Por resumir muchísimo e ir al meollo del tema (muy, muy, muy resumido), el comunismo no creía, por aquel entonces, en las naciones como nosotros las entendemos (que ellos llamaban burguesas) en tanto en cuanto las veían como un mecanismo de las clases dominantes para someter al Proletariado, cada uno en su zona geográfica.

Ellos querían hacer un mundo nuevo y un Hombre Nuevo donde el Proletariado Internacional fuera tomando el poder, de una forma u otra, en cada uno de los «Estados» para, poco a poco, ir incorporándolos a esa unión de pueblos organizados en Soviets que se llamaba la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (tanto es así que hasta 1944, durante casi 30 años, el himno en la Unión Soviética era «La Internacional», hasta que ese Hombre de Paz que era José Stalin, llegó a la conclusión de que un poco de patriotismo nacional era necesario).

El fascismo surge como respuesta al comunismo en el sentido de que la Nación, la Patria, está por encima de todo (otro día hablaremos de esto); esto choca frontalmente con las ideas internacionalistas de «vamos a suprimir el concepto burgués de nación». Con lo cual, tenemos dos «grandes pulsiones ascendentes» en Occidente: una «internacionalista y antinacionalista» (digamos) y otra «hipernacionalista e hiperpatriótica» (ma-o-meno).

Seguimos.

Francisco Franco era un señor más bien bajito y con una voz poco agraciada, que también era el general más joven de Europa, por aquel entonces. Y – por una serie de maniobras suyas y casualidades – tras el Golpe de Estado-Alzamiento-Whatever del 18 de Julio de 1936 y su subsiguiente Guerra Incivil, llegó a ser Jefe del Estado Español (y Jefe de todo) durante casi 40 años.

Este señor tenía una serie de obsesiones (muchas, muchas obsesiones) y una de ellas era la masonería. Si queréis saber de esta obsesión suya, hay bastante literatura al respecto enlazada en un sitio web que se llama Google. Aquí os quiero hablar un poco del contexto histórico e ideológico por el cual el «temita» que le tenía Franco a la masonería estaba apoyado por una especie de idea filosófica.

La lógica franquista (que proviene del fascismo y otras fuentes) diría algo así (y este es el meollo del tema): si la Patria está por encima de todo y todos, todo aquello y todos aquellos que nosotros consideremos que no creen en la superioridad de la Patria, están juntos en un plan contra su superioridad intrínseca. ¿Y quiénes son estos?

Por un lado los judíos. ¿Por qué? Porque para ellos eran un pueblo, una nación sin territorio propio que estaba en todos los territorios desperdigada, con sus objetivos «de grupo nacional», que eran objetivos distintos a los legítimos de cada una de las Patrias (decían los fascistas y otros, repito).

Por otro lado los comunistas, por eso que hemos explicado más arriba del internacionalismo.

Y en tercer lugar, estaban los masones, que, según ellos, eran esos señores que habían participado tanto en la Revolución Americana y en la Revolución Francesa, que creían en un concepto tan vago como la Humanidad y que eran de obediencia extranjera (ya que dependían, en muchos casos de la masonería francesa o inglesa, y, por tanto, no consideraban que la Patria está por encima de todo por sus juramentos). Por tanto, eran antipatriotas. En nuestro caso, malos españoles.

Uno más uno más uno son tres, quién me lo iba a decir: tres entidades «supranacionales» que iban contra la superioridad de la Patria: el judaísmo, el comunismo y la masonería. Voilà: aquí tenemos el contubernio judeomasónico y comunista.

Era ese el discurso sobre el que el franquismo sustentó el contubernio (dejamos para otro momento las razones históricas, por las que cierto tipo de masonería bastante anticlerical y bastante afrancesada tuvo bastante peso en el devenir de la II República Española…durante un tiempo).

Franco, pacientemente, durante 40 años, por el bien de la Patria (decía), luchó contra el contubernio, y por eso encarceló y fusiló a muchos, muchísimos masones, y, con más paciencia aún, tuvo todo un Estado a su disposición para meter en la cabeza de la gente su visión de la masonería como un cáncer para el país (me ha contado mi amigo Arnau que visitó la «imitación de una logia masónica» que existe en el Archivo de Salamanca, y vistas las fotos, es un sitio tétrico, desagradable y que da el mal rollo de la vida. Incluído a él…y a mí, vistas las fotos).

Por eso, durante 40 años se asoció en España a toda la masonería con el anticlericalismo y antiespañolismo. Y hoy en día, 40 años después de esos 40 años, aún hay mucha, muchísima gente – la mayoría por puro desconocimiento, una minoría porque ya les va bien un «culpable fácil» – que sigue pensando que todos los masones, si son masones son antiespañoles, anticlericales y rojazos…y hay algunos que lo son, y hay muchos, muchísimos que no lo son (y el que me conoce sabe que puedo ser muchas cosas, pero de lo último que se me puede acusar a mí es de antiespañol, anticatólico o rojazo. Otra cosa es que sea un hombre con contradicciones…como todos, pero eso es otro tema xD).

Seguimos en el siguiente post.

PD: Os recomiendo en-ca-re-ci-da-men-te que veáis «Mientras dure la guerra», de Amenábar; toca en algunos momentos este tema.

Buenas.

Pasados unos 7 años desde que escribí por última vez, muchas cosas han pasado por el mundo, y también me han pasado a mí.

Estamos en un momento antiliberal y populista en Occidente, y como a mí estas cosas me encantan, voy a tratar de retomar el blog, pero ahora de verdad.

Esta primera entrada (que de verdad espero que no se quede aquí, pero soy un hombre con más buena voluntad que con voluntad) va a ser un simple enlace.

Estamos empezando un proyectito que se llama soliloquios.club donde unos cuantos masones del Rito de Emulación (otro día os explicaré esto, pero es importante para la cuestión) exponemos nuestra visión sobre una serie de temas políticos específicos. Y, en la mayoría de los casos, la visión de cada uno es contraria de la que tienen otros. Y esa es la gracia: que la gente tenga visiones distintas a la tuya y te las explique. Es irrelevante si estás de acuerdo o no, pero es importante entender el hilo argumental del que no piensa como tú.

El primer tema que elegí de la lista fue el de «las consecuencias de la ‘no-ruptura’ con el franquismo».

En ese post yo niego la mayor: yo digo que hemos roto con el franquismo y explico mis motivos. Si queréis leerlo, haced click aquí. Os aconsejo que os leáis los míos y los que no son míos. Sobre todo los que no son míos.

Ese post lo escribí en marzo. Publicaré otro no sé cuándo, porque uno ya no tiene edad de estar publicando por publicar. Aquí o allí.

En fin, a ver si es verdad que he retomado la sana costumbre de escribir más allá de redes sociales.

Os quiero.