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De joven era yo especialito. Bastante, bastante especialito. Tan especialito que mi primera Constitución la escribí con 16 años.

Sí, mis primeros años fueron duros xD.

Esa Constitución que hice, que ahora sé que no tenía ni pies ni cabeza, estaba muy centrada en la parte de la organización del Estado. Y todo lo demás, que para mí era paja, lo dejaba porque tampoco entendía muy bien para qué estaba ahí: qué significaba que se enumeraran una serie de cosas que para mí no tenían una función clara. Luego, me puse a estudiar, pasaron años y años, y ahora ya entiendo un poco más la cosa.

En una Constitución cada palabra está elegida, y el orden de las palabras está elegido. Y el orden de los artículos. Y lo que no sale, es porque se ha querido que no salga.

Os voy a poner una serie de ejemplos de estas cosas que a mí me gustan con nuestra Constitución (podría hacerlo también de otras, pero sería puro estupendismo).

La primera frase del artículo 15 dice esto: «Todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral, sin que, en ningún caso, puedan ser sometidos a tortura ni a penas o tratos inhumanos o degradantes».

Fijaos en la primera palabra. No dice todas las personas. No dice todos los nacidos. No dice los nacidos y los no nacidos. Dice «todos». Y, ¿qué significa «todos»? ¿Por qué no dice «todas las personas»?

Otro ejemplo. El artículo siguiente, en el apartado tres dice esto: «Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones».

¿Qué cojones significa esto? ¿Somos un estado laico o no? El que diga «Iglesia Católica y las demás confesiones», ¿implica que hay algo especial con la Iglesia Católica o es irrelevante ponerla o no?

El último ejemplo que os voy a poner (pero hay muchos más) es el que más me gusta y, por lo que he visto, mucha gente no se da cuenta: ¿por qué se dejó fuera del procedimiento agravado de reforma constitucional al propio Título X, que es el que regula el procedimiento para hacer una reforma constitucional?

Estos ejemplos sirven para explicar lo que quería expresar. Todo, to-do, TODO lo que dice una Constitución y lo que no dice, el orden de las palabras, cómo lo dice o cómo decide no decirlo tiene una razón. No hay nada que esté ahí porque weno o porque mola, o que «sea irrelevante».

Y cuando hay dudas, para eso está el Tribunal Constitucional, que hace una cosa que se llama «mutación constitucional». Por decirlo así, es una interpretación de lo que dice la Constitución al albur del tiempo actual (o del tiempo en el que ha de emitir una sentencia).

Sería algo así como: si en ese momento se interpretaba que el derecho a X correspondía a una serie de cosas, ¿qué podemos colegir que diría el Constituyente de verse en la situación actual, con las cosas nuevas que hay?

Por poner otro ejemplo que viene estupendo: el artículo 32 dice que «El hombre y la mujer tienen derecho a contraer matrimonio con plena igualdad jurídica». La realidad en el mundo es que ahora entramos en el tema de los géneros, personas no binarias y cosas que yo no entiendo muy bien, pero que están ahí.

Teniendo en cuenta ese artículo de la Constitución y entendiendo el mundo de hoy en día, podemos decir que la Constitución impide que las personas de género no binario tengan derecho a casarse? ¿O los gays, que no son parejas formadas por un hombre y una mujer, sino que son dos hombres o dos mujeres?

Hay juristas que dicen que sí y juristas que dicen que no. Y los que deciden son los juristas del Tribunal Constitucional. Y aquí quiero decir una cosa sobre cómo se elige al Constitucional y por qué se elige así. Confiad en mí que todo al final tiene un sentido.

Nuestro TC tiene un cojón de gente. Son 12 personas. Esas doce personas tienen un mandato de 9 años cada uno y se renueva por tercios (4 personas) cada 3 años: 4 el Congreso, 4 el Senado, 2 el Gobierno y 2 el Consejo General del Poder Judicial.

En los Estados Unidos, no tienen Tribunal Constitucional. Tienen un Tribunal Supremo que hace las veces de Tribunal Constitucional, en el que tienen 9 jueces. Esos nueve jueces están ahí de por vida. Y se va renovando cuando uno de ellos se muere.

Fijaos la diferencia: En uno, el cargo se tiene un máximo de 9 años (no renovable en el siguiente plazo) y en el otro es de por vida. En uno, cada 3 años entra «sangre nueva» y en el otro entra «sangre nueva» según se vayan muriendo.

Esto significa que nuestro sistema está pensado (afortunadamente) para que se adapte, para que la mirada que se hace a la Constitución sea actual, no se fosilice: que los que van a decidir las mutaciones constitucionales estén en el «hoy» de la sociedad plural española.

El Constitucional es así de grande y de «renovado» para asegurarse de que distintas sensibilidades jurídicas están presentes en los debates y que hay una rotación continua de sus miembros. Y hay miembros con una sensibilidad más conservadora y otros con una más progresista. Y luego, en caso de que no haya unanimidad, se vota y se publican las sentencias y los votos particulares.

Y aquí vuelvo al origen de todo: son ellos, son ese cuerpo que se renueva por tercios y que no puede tener ningún miembro más de 9 años (sí puede pero no consecutivamente) el que ha de decidir la interpretación de las palabras de la Constitución. Y es bueno. Porque la mutación constitucional es la que hace que una Constitución sea algo «vivo».

Y ahora vuelvo a los ejemplos que puse al principio.

El «todos tienen derecho a la vida» viene porque el Constituyente, como no se ponía de acuerdo en lo del aborto: lo dejó en «todos», y que fuera el Tribunal Constitucional del futuro (está redactado en 1978) el que decida sobre el derecho al aborto.

El ejemplo del matrimonio gay y la gente binaria es uno de esos ejemplos en los que, probablemente, ni estaba en la cabeza de los Padres Constituyentes. Así que el TC tiene que decidir si lo querían prohibir, en igualdad de circunstancia y pensando que esos señores están en el hoy en día, o no.

El que salga especificamente «la Iglesia Católica y demás confesiones», es obvio, que da una preponderancia constitucional especial a la Iglesia Católica con respecto a todas las «demás confesiones». Que no se declare laico el Estado es porque el Estado no es laico. Y esto es obvio que lo quiso así el Constituyente.

El último ejemplo, es un tema más bonito y que trataré en otro post.

Y, como soy un romántico, sólo quiero deciros que, por todo lo que os he explicado más arriba, toda la Constitución, TODA ELLA, está en el artículo 1.1 de la Constitución, en esas 30 palabras y no otras, y en ese orden y no otro:

«España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.»

El resto de la Constitución, es explicar explicar el cómo proceder a partir de esas 30 palabras.

PD: El proyecto constitucional chileno era infumable. No eran conscientes de lo que estaban escribiendo. No al nivel de la mía de 16 años, pero weno.

Hace cierto tiempo que se empezó a hablar de las democracias iliberales (que, para mí, son antiliberales más que iliberales) y tenía ganas de decir un par de cosas al respecto. Cosas que he dicho en Twitter y Facebook, pero que me apetece poner negro sobre blanco.

Una palabra que mucha gente usa pero poca gente sabe lo que significa del todo, o cree que significa una cosa que no es (o cree que no significa una cosa que sí que es) es la palabra «democracia».

Etimológicamente, «democracia» viene de las palabras gobierno y pueblo. Es, por decirlo así, «gobierno del pueblo». Del pueblo, no de la mayoría. Del pueblo como un concepto completo. Esto es importante, porque una mayoría no es el pueblo. Es una parte del pueblo, pero no el pueblo. Guardemos este concepto en la cabeza un rato y luego volveremos a él.

Tipos de democracia hay muchas. Hay democracias sin partidos políticos, democracias de partido único, democracias orgánicas y todo lo que queráis. No me extenderé en este tema porque para esto está la Wikipedia si alguien quiere saber más, pero, por ejemplo, Cuba dice ser una «democracia de partido único», en la que el pueblo puede «libremente» elegir a sus representantes, pero esos representantes sólo pueden aplicar la doctrina comunista; formalmente el franquismo (según ellos) era una «democracia orgánica» porque el pueblo podía elegir «libremente» a sus representantes, en tanto en cuanto estuvieran adscritos a los Principios Fundamentales del Movimiento.

Pero todo eso no es una democracia para nosotros. A lo que nosotros llamamos democracia se la conoce por el apellido «liberal» (no confundir con el Estado Liberal, que es otra cosa del pasado). Vamos a entrar en el intríngulis de todo esto.

En Occidente vivimos en sociedades plurales. ¿Qué significa eso? Que en nuestras sociedades hay de todo, como en botica. Gente buena, mala, mediopensionista, de izquierda, de derecha, con dinero, sin dinero, trabajadores, empresarios, del Recre, del Barça, creyente, atea y hasta algunos a los que no les gusta Supertramp. Hay de todo. Hay muchas visiones de sí mismos, de la vida, del país, del mundo, de la economía y de todo y muchas de ellas opuestas. Y además, la gente cambia de opinión. A eso se le llama pluralismo.

Entonces, tenemos que el Pueblo (con mayúscula, porque sólo hay uno) es mucha gente, muy distinta, que piensa muchas cosas distintas, y que además puede cambiar de opinión. Ahora sí que necesitamos retomar lo de «gobierno del Pueblo» y no de una mayoría coyuntural.

Las democracias liberales son aquellas que presuponen que el Pueblo es plural, con muchas visiones políticas distintas, y que además esas visiones pueden cambiar (el pluralismo político). Es decir, un sistema de gobierno de todo el Pueblo donde, al poder cambiar de opinión su gente, los que ahora son mayoría pueden ser mañana minoría, y que (como Pueblo somos todos), las mayorías no se puedan comer a las minorías, precisamente entre otras cosas, porque nadie te asegura a ti que mañana no vas a ser tú minoría y lo que no quieres para ti no lo quieres para los demás.

Por tanto, ha de ser un sistema en los que la mayoría que en un momento puede ostentar la responsabilidad de gobernar (tener el Gobierno, vaya), ha de estar muy controlada por otros que no son ellos mismos – ni de los suyos – para asegurarse de que respeta a los que no son los suyos, porque recordemos que el Sistema es de todos, no de la mayoría (eso es otra cosa de la que hablaremos otro día, supongo).

Todo esto está muy bien y es muy bello, pero todos sabemos que la gente puede no ser tan bella como las palabras; y como el ser humano es ambicioso de por sí y si el poder corrompe, el poder absoluto corrompe absolutamente, es importante, como dijo James Madison, frenar la ambición con la ambición. Por eso, en las democracias liberales, el Poder tiene bastantes frenos y controles y el Gobierno no debe poder hacer lo que le apetezca sin dar explicaciones a nadie y sin control. Aquí sale lo del «check and balance»: los contrapesos.

Los contrapesos para «frenar» a quienes tienen la responsabilidad coyuntural de gobernar son fundamentales en la democracia liberal: una Justicia independiente, una oposición con la capacidad de fiscalizar y unas entidades en la Administración fuera del juego político.

Esa es la esencia de la democracia liberal: un sistema plural con elecciones libres y competitivas (las dos cosas) donde se elige regularmente a una serie de señores, de distintas ideologías, donde unos ostentan el Poder y otros les controlan y otros se presentan como alternativa a los que tienen el Poder. Un sistema con muchos contrapesos para tratar de hacer evitar que algún Gobierno vaya demasiado lejos y asuma más poder del que les corresponde (ellos y sus sucesores, porque los poderes extra que se da un Gobierno a sí mismo se lo dan también a los otros que vengan después).

Un sistema que controle las veleidades que pueda tener un Poder Ejecutivo de coartar los derechos de quienes no piensan como ellos. Un sistema, en definitiva que evite que una parte coyunturalmente dominante (pero una parte nada más) trate de «desvirtuar» el sistema de todos para poder hacer aquello que, en filosofía liberal, no pueden hacer salvo que tengan la «bendición» de otras partes del Sistema (y no hablo sólo de ley, ojo).

Este coñazo que os he soltado, es, en esencia la democracia liberal, que es a lo que nosotros llamamos democracia.

Los antiliberales (también llamados iliberales) no creen en la democracia liberal. O creen sólo formalmente. Su visión filosófica, digamos, va por otro lado. Va por el lado de que el Sistema, el Estado, ha de estar orientado hacia un objetivo específico (y no otro).

Puesto de otra forma, en algo así: «No queremos este Sistema tal y como está. Queremos otro sistema, o una reorientación del Sistema (que no quiere buena parte del Sistema pero nosotros sí); así que, ahora que tenemos el Poder, hemos de reorientar las bases del Sistema (no estos 4 años de Gobierno: el Estado, el Sistema completo) hacia un objetivo determinado que nosotros queremos, que es A. Por tanto, si la mayoría ha elegido a un Gobierno con el objetivo A, ese objetivo A ya es objetivo de todo el Estado, de todo el Sistema, del país. Por tanto, el que se oponga al objetivo A va en contra del objetivo del Estado, y como el objetivo del Estado está por encima de vaivenes políticos, es lógico que se defiendan los objetivos del Estado, que somos nosotros, y por tanto, hay que luchar contra aquellos que están en contra el Estado. ¿Cómo? Empecemos quitándoles contrapesos. Cuantos menos contrapesos tenga el Gobierno, menos fiscalización, y menos problemas para hacer el objetivo A.»

¿Precio a pagar?

Si te cargas contrapesos, es más difícil que otros puedan llegar al Gobierno en buena lid (yo espero que alguien se levante un día y se pregunte por qué los antiliberales duran tanto en el Gobierno, si es porque son una maravilla o es quizá porque usan todos los resortes del Estado (incluso los que no deberían), para seguir en el Poder).

Por otro lado, cuando empiezas a tirar millas, y haces un Estado «de parte», por definición dejas fuera de lo que es un buen ciudadano a quien no comparta los objetivos A. Esto tiene, como consecuencia, que a largo plazo la definición de Pueblo cambia. Ya hay dos «Pueblos»: el Pueblo como entelequia puramente legal, y el Pueblo de verdad que es el que comparte el objetivo A, y a ese le ayuda toda la maquinaria del Estado. Y el que no es Pueblo de verdad, o termina exiliado o termina mamando o termina mal a largo. Por eso es tan peligroso el antiliberalismo: porque hace un sistema de parte. Y no lo hace de un día para otro, es un movimiento lento, poco a poco.

La democracia liberal no son leyes, o no son sólo leyes. Es una filosofía entera que se basa en que el Pueblo es mucha gente muy diversa y que cambia, y esa gente que cambia tiene un sistema político hecho para que la inmensa mayoría, si no todos, estén dentro del sistema: unas veces gobernando, otras veces controlando y otras veces pactando. Vigilándose todos entre todos y evitando, entre todos, que un grupo, en un momento dado, por una mayoría coyuntural, por un resquicio legal o por creerse más listo que ninguno, trate de coger más poder del que le corresponde. Y si lo hace, que haya formas de corregirlo y de que asuma las consecuencias de sus decisiones. Y que los cambios en la arquitectura del sistema se hacen con el consenso apropiado de una gran parte de esa sociedad plural.

Hay muchos ejemplos recientes en muchos países que han caído en lo más bajo del pozo antiliberal (Hungría, Venezuela) y otros que hacen cosas antiliberales, pero aun así se producen cambios de Gobierno (Los Estados Unidos, el Reino Unido, Argentina, Bolivia).

En esta España mía, esta España nuestra, el momento antiliberal fuerte empezó en 2014 con unos señores que decían no se qué de «romper el candado del 78» (mirad lo que escribí al respecto hace 7 años, siete, al respecto), pero todos los Presidentes, todos, han tenido como mínimo un momento antiliberal (que, repito, no va de saltarse la ley; va de cambiar leyes sistémicas para cambiar la filosofía del juego sin un gran pacto dentro del sistema, o hacer algo que en las reglas del juego está feo). Por poner algunos ejemplos (me dejo a los Presidentes de la UCD fuera):



1.- Felipe González hizo una RTVE de parte parte (y no es el único) y cambió la LOPJ para que el Congreso metiera mano en los nombramientos de los jueces en el CGPJ, que no era lo que estaba pensado en la Constitución.

2.- José María Aznar rompió el consenso en Política Exterior entrando en la Guerra de Irak, y además nombró a un diputado del PP Director General de RTVE.

3.- José Luís Rodriguez Zapatero rompió el consenso en política territorial y además hizo nombramientos en el Banco de España que ni eran independientes ni estaban pactados, como siempre.

4.- Mariano Rajoy declinó el mandato del Rey de intentar formar Gobierno en 2015 e intentó que el Congreso de 2015 se autodisolviera para repetir elecciones sin que hubiera ningún candidato a la investidura.

5.- Pedro Sánchez ha nombrado a su ministra de Justicia Fiscal General del Estado y ha cambiado, sin consenso de la oposición, la LOPJ, dos veces, quitándole funciones mientras no estaba reelegida. Intentó también cambiar las mayorías de elección del CGPJ para hacerlo por mayoría absoluta pero Europa dijo nein.


En suma, ni la democracia liberal es una cuestión de leyes, ni el ser antiliberal es tampoco una cosa de leyes. Es una forma de entender la sociedad donde vivimos y al resto de la gente que no somos nosotros ni piensa como nosotros.

PD: Antiliberalismo químicamente puro fue lo que pasó en un lugar de España de cuyo nombre no quiero acordarme hace pocos años.

Podemos

Vuelvo a este abandonado blog para dar una pincelada sobre eso que la chica nueva en la oficina dice sobre lo que quieren hacer en materia constitucional en España.

Habréis escuchado por aquí y por allá esas expresiones de «abrir el candado del 78», y «abrir un proceso constituyente». Y de eso quiero hablar un poco; pero antes de entrar en materia, vamos a hacer un pequeñísimo repaso a la Constitución Española.

Nuestra vilipendiada Constitución, tiene un Título, el Título X, que se titula «De la Reforma Constitucional». En ese título (por resumir mucho, mucho), se dice que para hacer una reforma normal de nuestra Carta Magna, se requieren 3/5 del Congreso, 3/5 del Senado, y no hace falta un referéndum, salvo que lo pidan 35 diputados.

Luego está la reforma agravada. Esta es más divertida. Básicamente dice que si se quiere una revisión constitucional (profunda, vamos), o que si quieres tocar chicha de lo que es España (Título Preliminar, Derechos Fundamentales, la Corona), requieres 2/3 del Congreso; 2/3 del Senado; Elecciones Generales; 2/3 del nuevo Congreso; 2/3 del nuevo Senado y luego un Referéndum. Total, un drama.

Bien; estas cosas se hacen para asegurarse de que cuando se reforme la Constitución (sobre todo en temas que tocan de lleno la forma política de España), se haga con un muy amplio acuerdo político y social.

Acabado el pequeño repaso al Título X de la Constitución, vamos al tema de «abrir el candado del 78».

Bien; nuestros amigos podemistas, dicen que quieren abrir un «Proceso Constituyente». Para no hacerlo muy árido, os diré que esencialmente la cosa funciona así: El Pueblo es Soberano. No hay nada por encima del Soberano, que para eso tiene la Soberanía. Por ello, el Soberano tiene el Poder Constituyente; que hace y deshace. Como Dios, pero para las cosas políticas, digamos.

La norma política superior que hay en el Estado, emanada directamente del Poder Constituyente, es la Constitución; hecha por un Poder Constituyente Originario. Y todos estamos sujetos a ella. Todos. Esa Constitución está hecha por una Asamblea Constituyente. Se aprueba la Constitución, y se disuelve esa Asamblea con ese poder (porque esa Asamblea sólo se elige para eso, una sola vez). Y luego, para reformarla o revisarla, está el Poder Constituyente derivado, que por hacerlo breve, es el que hace lo que dice el Título X (Se llama Poder Constituyente-Constituído; el Congreso y Senado por mayorías reforzadas, con o sin referéndum).

Hasta aquí bien, ¿no?

Pues bueno. Como obviamente para reformar la Constitución hacen falta unas mayorías muy amplias y nuestros amigos podemistas previsiblemente no la van a tener ,¿qué se puede hacer? Pues muy fácil. Decir: Como el Pueblo es Soberano y no hay nada por encima de él y además yo no tengo las mayorías para reformar la Constitución siguiendo las reglas que ella dice, pues me la salto a la torera, y digo: «Apelo directamente al Pueblo Soberano, hacemos una nueva Asamblea Constituyente que haga una nueva Constitución desde cero», y así me ahorro el engorro de tener que pactar con el resto la nueva Constitución, y se hace una nueva Carta Magna, con unas mayorías justitas, porque esa Asamblea es soberana, y puede aprobar lo que le dé la gana y con la mayoría que se quiera (incluso simple), y luego se vota.

Eso es lo que se ha hecho en nuestros queridos países hermanos, como Venezuela, Bolivia o Ecuador. Saltarse a la torera la Constitución Vigente; convocar una Asamblea Constituyente y crear una nueva Constitución, la que me mola de verdad, apelando al «Pueblo Soberano». Y así hacemos la Constitución que nos dé la gana, sin tener la incomodidad liberal de hacer una Norma Fundamental para todas las sensibilidades políticas.

Mola, eh?

«Españolito que vienes al mundo te guarde Dios; una de las dos Españas ha de helarte el corazón»
(Antonio Machado)

20120911-153359.jpgSegún la versión de la Wikipedia que uno lea, Catalunya es una cosa distinta. Según la Wikipedia en castellano, «Cataluña (en catalán, Catalunya; en aranés, Catalonha) es una comunidad autónoma española considerada como nacionalidad histórica, situada al nordeste de la Península Ibérica.»

Y según la Wikipedia en catalán, «Catalunya (Catalonha en occità) és un país europeu de la Mediterrània occidental constituït com a comunitat autònoma d’Espanya»

Y ambas son, en su ámbito, correctas. La cuestión es: ¿Cuál de las dos es más correcta?

Mi opinión, después de vivir más de 8 años aquí, es que es más correcta la segunda. Catalunya es un algo con una historia propia bastante antigua que ahora mismo está constituída como Comunidad Autónoma en España. Tiene una lengua lengua original, y el paso del tiempo y la historia ha hecho que tenga dos lenguas, y un crisol de orígenes en su ciudadanía.

Y Catalunya está ahora mismo en una encrucijada, porque las opciones que se le dan desde España son: o seguís así, o seguís así con pequeñísimos retoques. Y ninguna de las dos opciones, son la mayoritaria aquí, a día de hoy.

Llevo 6 años aproximadamente escribiendo muchos posts acerca de lo que creo que es Catalunya, lo que creo que es España, y la interrelación que hay y debe haber entre ellas. Y en 6 años Catalunya y España no han hecho más que separarse. Y cada vez a mayor velocidad.

Yo supongo que estoy en ese grupo de catalanes, preocupado. Preocupado porque no sabe cómo va a seguir esto, ni terminar esto. Preocupado, porque cuando escucha barbaridades de un lado, le hace empatizar con el otro lado, y viceversa. Preocupado porque te duelen los dos lados, y los dos lados no hacen más que hablar idiomas distintos y no son capaces de entenderse.

España no escucha (o si lo preferís, no escucha empáticamente). Catalunya no se siente escuchada. Fuera de Catalunya está la sensación de que los catalanes vivimos en una burbuja y estamos todo el tiempo pidiendo. En Catalunya tenemos la sensación de que todo el tiempo estamos aportando; y cuando ha tocado pedir solidaridad por nuestra deuda y nuestro déficit, el portazo ha sido sonoro.

Yo creo, y sigo creyendo que Catalunya cabe en España. Pero en esta España así, no cabe. Y la cosa va a ir a peor, como ya va a peor; cada día más amigos míos tiran por la vía independentista porque no ven que España esté por la labor de escuchar más allá de pequeñas cositas. Y es una vía que puede gustar más o menos, pero tiene su lógica. Y cada vez tiene más aceptación.

Lo más gracioso, lo más irónico, y a la vez lo más trágico de todo esto, es que la solución al problema catalán por unos cuantos años (25, 30), puede y debe venir por el lado de España.

Si Rajoy se pone en serio a pactar una España plural, donde a Catalunya se la acepta como es de verdad, y no se le obliga a ser otra cosa, donde más visiones de España quepan más allá de la actual, yo creo que se pueden calmar las aguas durante unos años.

Estamos en un fin de ciclo. Esta España se acaba. La cuestión es si vamos a una España plural y plurinacional de verdad, o a una España sin Catalunya. Y desengañaos; no existen más opciones.

En cualquier caso, el «putos catalanes», no ayuda a mantener España unida, y el «putos espanyoles», no ayuda a una Catalunya independiente.

Hoy es el día Nacional de Catalunya. Es un día importante y bonito para Catalunya y para toda España. O debería serlo.

SenyeraEsto empezó siendo un comentario en Facebook, pero lleva más de 90 comentarios y supongo que merece estar en el blog…

Decir, a modo de introducción, que llevo desde 2005 viviendo en Catalunya (menos 11 meses), y por tanto, considero que hablo de un tema que conozco y no de oídas. Dicho esto, quiero también deje claro que esta es mi opinión, no la verdad absoluta. Pero bueno; al grano…

Hoy se celebra aquí en Catalunya la Diada, el día nacional. Se hace en conmemoración de una derrota, en 1714, en la que cae Barcelona en la Guerra de Sucesión (la que trajo a la monarquía francesa a España hasta ahora; los Borbones).

Sí; este es un pueblo tan curioso que celebra el día de su derrota. Y desde una perspectiva amplia, me parece, además de significativo, una apuesta a largo plazo para no olvidar las reivindicaciones de Catalunya.

Si revisáis mi blog, veréis que llevo 5 años hablando sobre qué es Catalunya y qué es España, así que no me voy a extender en el tema; simplemente decir, que una nación no es igual a un estado, y que una Constitución es un trozo de papel. Dicho en otras palabras: Catalunya tiene todos los componentes necesarios clásicos para considerarse nación (menos estado), y en una parte de España se trata de explicar a los catalanes qué son o qué no son (no desde una perspectiva jurídica, sino desde una perspectiva patriótica). Y aquí es donde está el problema. Por mucho que la Constitución, o Madrid, o Andalucía, o Francia diga que Catalunya es otra cosa…no funciona así.

Catalunya es lo que es, es un territorio con lengua propia, cultura propia,historia propia, y sentimiento unitario (otra cosa es la definición de qué implica políticamente ese sentimiento; pero eso es otro tema). Y esto tiene solo dos opciones. O se asume o terminará separándose Catalunya del proyecto español.

Y sí, quien tiene que hacer concesiones es España, para que Catalunya siga siendo española, porque a día de hoy, todo indica que le interesa bastante más a España tener a Catalunya (pataletas aparte), que a Catalunya ser parte de España.

Verdaderamente queda cada vez menos tiempo para arreglar el encaje de Catalunya en España…cuando vives aquí ves que el independentismo crece (a pesar de los políticos; aquí excepto a los fanboys la gente está cabreada con el Gobierno de Mas y los recortes)…es más una sensación de que esto no funciona y no funciona y no funciona…y a lo mejor toca probar otra cosa.

Por eso es fundamental que desde España se tenga el tacto, o la comprensión al menos para entender qué es lo que pasa aquí, porque gritando o negando la evidencia, nos dirigimos inexorablemente a la separación entre Catalunya y España.

El tiempo se está acabando para arreglar esto…

Buena Diada a todos.