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Carta a mis amigos católicos

RosarioMis queridos amigos de la rama católica (sí, tengo amigos de otras ramas).

Quiero compartir alguna reflexión con vosotros que hasta ahora no había verbalizado en forma de carta, y creo que esta es la mejor forma porque me ayuda a poner un poco en orden lo que quiero decir.

Yo ya no me siento católico. Reconozco que mi sentido de la Trascendencia y Moral van bastante más allá de lo que es la Fe Católica. He pasado por el agnosticismo, la Fe, e incluso por algún tipo de Ateísmo; y en este momento tengo un sentido de la Trascendencia «particular»; pero sigo teniéndolo.

Como sabéis, yo he estudiado 14 años en un colegio del Opus (sí, en algún momento puede que estuviera relativamente cerca de «pitar»), he sido educado en la Fe Católica, y, de alguna forma, he sido bautizado, y confirmado (Tranquilos, esta carta no va a anunciar que apostato o algo por el estilo).

Entiendo (en el sentido de que comprendo la esencia), de la mayoría de los postulados que tenéis, y yo no soy el tipo de persona que piensa que la Fe religiosa es como una ideología o una posición filosófica que puedes tener o no tener; sé que la Fe es algo transversal y que llena todos y cada uno de los aspectos de una vida (independientemente de que, con el Libre Albedrío, uno actúe según su Fe o contra ella). Por tanto, por favor, creedme que estas reflexiones en ningún momento van contra la Fe, ni contra el sistema de creencias ni contra el estilo de vida de ningun miembro de la Iglesia (aparte de pederastia y tal, cosa que yo sí creo que es minoritaria, aunque como las meigas, haberlas, haylas).

Así que por un rato, me vais a dejar que os hable como si aún formara parte de la Fe Católica, y hable de «nosotros los católicos» (un ratito nada más; el tiempo que me lleve escribir esta carta).

Veréis; para mí el hombre tiene una doble vertiente: Un yo personal, y un yo social; y el yo social (en este caso), lo podemos dividir entre aquellos que profesan «nuestra» Fe y los que no. Dicho en otras palabras; hay una separación entre cómo vivimos nuestra Fe, y cómo nos relacionamos y qué deberes consideramos que han de tener aquellos que son de nuestra «cuerda», y aquellos que no.

La vida, es un don de Dios. Bien. Vale. Acepto. Pero ni tú, ni yo, somos Dios. Ni siquiera el papa Benedicto, o toda la Santa Iglesia Católica, es Dios. Entonces; si ni tú ni yo somos Dios…¿Por qué tratamos de cortar el Libre Albedrío que Dios ha dado a todo Ser Humano, para actuar según la Religión, o en contra de ella? Me explico.

Hay gente, que sufre, y hay gente que quiere morir, para evitar ese sufrimiento. Y nosotros, en nombre de la Fe que nosotros tenemos y que otros no tienen, queremos cortar el uso del Libre Albedrío que tiene la gente para acabar con su sufrimiento, acabando con su vida, por medio de la Eutanasia.

¿Es eso justo? ¿No estamos arrogándonos el papel de Juez que tiene Dios para juzgar cómo se comportan las personas, y decidimos nosotros que pequen o que no pequen con su propio cuerpo via disposición legal? (y por el amor de Dios, no usemos la simpleza de distinguir sobre si soy yo el que aprieta el botón, o es una tercera persona la que, siguiendo mi voluntad y mi petición la aprieta porque yo no puedo apretarlo, a pesar de que quiero, y así lo firmé en un Testamento Vital).

Lo que quiero decir, es que, filosóficamente, creo que va contra el Libre Albedrío que Dios nos ha dado, imponer nuestro sistema de creencias a otros que no son católicos. Creo que eso es, directamente, atentar contra Dios. Porque quitas a una serie de humanos su derecho (sí, su derecho consagrado por Dios), a alejarse de Él.

Dios permitió el Libre Albedrío hasta el punto que dejó que Judas Iscariote vendiera a Jesucristo por 30 Monedas de Plata. ¿Qué mayor muestra de que el Libre Albedrío es algo querido por Dios, para que la gente actúe como quiera, y luego esa gente se las verá con su Creador?

Yo siempre he pensado que un católico no es que pueda, es que debe ser laicista. Un buen católico jamás debería de querer imponer su sistema moral a otros; debe de tratar convencerles para que abracen la Fe. Pero eso no se hace a través de la Ley. La ley debe de ser para todos. Para el temeroso de Dios, para el que quiere ofender a Dios, y para el que no cree en él, o cree de formas no católicas.

La labor de apostolado del católico no debe de ser el hacer un Estado Católico ni semicatólico (también llamado aconfesional). Ha de dejar que la gente se acerque a la Fe católica voluntariamente; no que cumpla obligatoriamente preceptos legales que están muy bien para la Fe Católica, pero que no están tan bien para otro sistema de creencias (Ojo; hablo con respecto a uno mismo para con uno mismo).

Eso también tiene que ver con los derechos de los gays.

Como sabéis, yo también estuve en contra del uso de la palabra «Matrimonio», para el matrimonio gay…y la verdad es que me equivoqué.Y me equivoqué porque al final, lo que quería era definir los términos desde una perspectiva «religiosa». Si el Matrimonio es la unión entre un Hombre y una Mujer, la unión entre dos hombres o dos mujeres puede ser algo fabuloso pero no un Matrimonio; ¿no?; pues me equivoqué.

Un matrimonio canónico, es el que ha de ser entre un hombre y una mujer. Sobre los otros tipos de uniones, no ha de ser la Iglesia, ni una Fe, los que decida si son matrimonio o no lo son. Los matrimonios entre dos hombres o dos mujeres, no los reconoce (ni tiene el deber de reconocerlos) la Iglesia si no quiere; y aquí paz y después gloria. Pero de ahí a prohibirlos para católicos y no católicos porque no entra dentro de mi esquema moral, va un trecho, y de nuevo, es ir en contra del Libre Albedrío. Que cada uno actúe moralmente como quiera, y que luego él o ella se enfrente cara a cara con Dios el Dia del Juicio.

He de reconocer que respecto al aborto, he tenido muchas, muchas, muchas dudas. De hecho, si navegáis por años pasados en mi blog, veréis dudas, preguntas, etcétera. Pero volvemos a lo mismo. Desde una perspectiva puramente católica, los católicos deben luchar para trater convencer a aquellas mujeres que quieran abortar de que no es la mejor de las soluciones. Pero no prohibir; porque ya hay un sistema científico y legal (quitada toda la parte moral), que ha demostrado que el feto no es un señor como tú y yo de verdad hasta los 3 meses más o menos; es otra cosa; potencialidad de persona y descubridor de la cura del Cáncer en potencia, pero no persona.

Entiendo que para un católico un aborto es moralmente un asesinato, porque entiende que hay alma desde que el óvulo se une al espermatozoide (podemos llegar más lejos y considerar asesinato, tal y como me decían en mi colegio del Opus, que cualquier medio profiláctico, como usar un preservativo); pero de nuevo, no eres ni tú ni yo quien lo ha de decidir; sino que ha de ser Dios el que ha de decidir si lo es o no. Pero no podemos imponer nuestro sistema de creencias via ley a aquella gente que no tiene el mismo sistema de creencias.

Pero bueno; puedo entender que haya más o menos debate sobre el punto del aborto; pero sobre los otros dos, (eutanasia y matrimonios gays) la verdad es que veo que es algo demasiado obvio como para discutir el tema; pero aquí estoy…

«Al César lo que es del César y a Dios Lo que es de Dios». La ley de Dios es para la relación de la gente con Dios, y esa relación es personal entre Dios y la persona. No somos quien para inmiscuírnos, y menos para hacer que la ley del César haya de ser la ley de Dios, porque a nosotros ya nos va bien porque es nuestro sistema de creencias.

En suma, mis queridos amigos; sólo quería reflexionar un poco en voz alta con vosotros, ponerme el traje de «semicatólico», un rato (un rato, porque la verdad es que mi relación con la Trascendencia va por otros derroteros), y tratar de explicaros mi punto de vista sobre por qué me parece ir en contra del Libre Albedrío que nos ha dado Dios, el tratar de evitar que la gente haga según qué cosas via Ley, cuando son cosas con respecto a su moral, y no hacen daño a un tercero (no, un nasciturus con menos de 3 meses no es un tercero en el sentido en el que hablamos).

En fín; esperando que estéis bien, se despide de vosotros vuestro amigo,

Javi