Un examen de amor ante una juez

Llevo casi casi 7 años con este blog hablando de política, tecnología, sociedad, redes sociales, y un poco de la interrelación de todo ellos. Y hoy va a ser el primer día en que no voy a hablar de nada de eso.

Jon y yo llevamos prometidos más de un año, y desde entonces, ha sido un auténtico calvario administrativo: primero meses y meses y meses esperando unos papeles de Venezuela (creedme, la Administración Pública en España es la mismísima Suiza en comparación a la de Venezuela), y una vez conseguidos todos y cada unos de los papeles, y que fueran apostillados por La Haya (otra de esas formalidades necesarias), comenzó el periplo en España.

Partidas de nacimiento, padrones, etcétera. Y todo ello con una antigüedad menor a unos meses, con lo cual había que conseguir todos los papeles en un espacio de tiempo común.

Una vez conseguido todo y entregado todo, nos citaron a los dos y a un testigo que nos conociera a ambos. Firmamos papeles, preguntaron al testigo, etcétera. Y a esperar. Y dos meses después, llegó un papel diciendo que la juez quería hacernos una entrevista “discreta” a ambos, cuatro meses después; es decir: mañana lunes por la mañana.

Todos los que nos conocéis en persona (y los que nos conocéis virtualmente, por cualquiera de las Redes Sociales), habréis visto las miles de fotos merengosas que tenemos él y yo en nuestra casa, por ahí, con la perra que teníamos, poniendo cara de tontos, etcétera.

Pues bien, llega ahora la situación en que nos van a hacer una especie de “examen de amor”, en las cuáles van a preguntar, al parecer, cosas sobre nuestra intimidad, para ver si lo nuestro es cierto o no.

No sé si lo habéis pensado alguna vez, pero esto de que me pregunten sobre mi vida privada, y sobre el amor que le tengo a Jon, o sobre nuestras rutinas en pareja, es horroroso desde una doble perspectiva.

Primero, porque es como si tuviera que desnudar mi alma, nuestra alma, delante de alguien que no conozco que tiene que decidir, según el día que tenga, si termina de creerse o no que nos amamos de verdad.

Segundo, porque creedme que es la cosa más subjetiva del mundo. Os voy a poner un ejemplo: Un día nos pusimos a hacernos preguntas el uno al otro, y una de ellas era sobre de qué color era la habitación. Yo decía que era amarilla más o menos vainilla y él decía que era más o menos beige. O si me preguntan cuál es su película preferida ¿cuál contesto, la que él cree que es su preferida porque siempre ha sido su preferida, o la que hoy en día es su preferida por lo que significa para nosotros?

He escuchado historias de que un juez le preguntó a un marido de qué color llevaba la ropa interior de su mujer. Y yo, que ni sé de qué color son los calzoncillos que llevo ahora mismo, menos voy a saber los que lleva Jon (sí, me los podría aprender de memoria, pero el problema es si preguntan algo en lo que símplemente no me he fijado o me quedo en blanco, o él).

Jon y yo llevamos viviendo juntos en casa casi dos años. Somos una pareja absolutamente real con amor real y pasión real y convivencia real. Los vecinos nos conocen (aunque sean por las broncas deliciosas que tenemos de vez en cuando; ya sabéis, dos tios, mucha testosterona y mucha cabezonería xD). Pero siempre tienes miedo a…qué se yo. Si me preguntan mi película preferída, de siempre ha sido 2001, pero en esta época de mi vida quizá sea 12 Hombres sin Piedad o Vencedores o Vencidos. ¿Y si él dice otra?.

Conocer tantísimo a una persona, es entenderla a tal nivel, con tantos matices, que es difícil responder a cosas que en principio son fáciles, porque tienen muchos matices.

Además, los nervios; tengo en un rato el examen más importante de mi vida: de esa juez depende que la persona a la que quiero más que a mí mismo y yo nos podamos casar, que es, de verdad, la cosa que más quiero en el mundo. Y me preocupa que me quede en blanco, de verdad. Simplemente. Que no sepa qué contestar. Que no quiera ver las miles de fotos que tenemos en Instagram, o en Facebook o en Twitter, o qué se yo…que ella se levante con un mal día.

Son muchos meses de nervios, y esperando. Y mañana, la prueba final.

De verdad, no le deseo a nadie estos meses que hemos pasado. Pero le pido a Dios, si es que hay uno por ahí arriba, que nos ayude. La madre de Jon y la mía ya han puesto toda clase de velas a toda clase de santos :)

Si queréis reiros un poco con fotos nuestras, aquí tenéis dos años de vida:

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El Instagram de Jon

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