¿Son los Estados Unidos tan cainitas como España?

Imagen en la web de Sarah PalinEn países con esas grandes divisiones (pensemos en la liberal Massachusetts y el Bible Belt), quizá los políticos deberían de tener un cuidado especial con lo que dicen y lo que no dicen. Asumámoslo: Un Tea Party, un Federico Jiménez Losantos; una Maria Antonia Iglesias o algún representante excesivo del ala liberal de Estado como Olbermann (gracias, Jordi), no ayudan a hacer una “More Perfect Union”, o a “establecer la justicia, la libertad y la seguridad y promover el bien de cuantos la integran”.

Aquí llegamos a una cosa que me pregunto: ¿Los países que han sufrido el flagelo de guerras civiles, deberían tener algún tipo de leyes especiales, o si se prefiere de mecanismos especiales para evitar salidas de tono que enciendan cierto tipo de fuegos indeseables?

Desgraciadamente, ni España ni los Estados Unidos son la feliz, estupenda y aburridísima Confederación Helvética (donde no sólo hacen unos relojes de cuco estupendos y un chocolate fantástico; sino que también tienen un sistema político muy estable y unos consensos sociales impresionantes), y aquí y en la tierra del Tio Sam tenemos una historia y unas problemáticas territoriales-políticas bastante grandes. Y discursos como los de Sarah Palin o Intereconomía, pueden llevar a descerebrados a hacer barbaridades.

Entonces, aquí tengo más preguntas: ¿Hasta qué punto tiene responsabilidad el Tea Party porque un animal se tome por lo tremendo las burradas que dicen y pegue un tiro a una congresista? ¿Tiene toda la responsabilidad, ninguna, un poco? ¿Debería de prohibirse decir según qué cosas? ¿También sobre Bush o Aznar? ¿Debería de suponerse que políticos y Mass Media deberían tener cierto código deontológico o algún tipo de automoderación? Si obligas a una persona a moderarse o a no decir según qué cosas, ¿no es de alguna forma, censura, o coartar la Libertad de Expresión?

Preguntas que me hago, y de las que, sinceramente, no tengo una respuesta clara.

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  • Comentarios (5)
  1. Por supuesto, censura nunca. Cada cual que diga lo que quiera. EL límite es la ley. El problema es cómo y cuámdo se aplica. A mi modo de ver, la conferencia episcopal, sus prelados y hasta el propio Papa han dicho cosas que nadie ha identificado como delito, sin embargo, u juez secuestra una publicación de humor por publicar una viñeta de dos personas follando, da igual quiénes sean. Entonces, o no denunciamos cuando debemos o la ley no es suficientemente clara.

    En cuanto a la responsabilidad de los medios, la más importante que tienen es la de ser veraces, ya que es imposible que sean independientes. El periodismo de opinión no intenta contar la verdad, sino contentar a sus patronos y seguidores. La cuestión es que su responsabilidad es más alta cuantos más oyentes o lectores tienen. Si yo mañana twitteo que Rajoy es esto o lo otro y un loco le descerraja dos tiros porque me ha leído en twitter, os aseguro que no me voy a sentir responsable. Ahora bien, si mi tweet sobrepasa las fronteras, se hace trending topic, pasa a las portadas de los periódicos, se crea una página de facebook con medio millón de seguidores y salgo en el telediario de la 1, no podré evitar que la gente me cuelgue la autoría de tal opinión. Hay una diferencia, Jiménez Losantos, el Tea Party, la Conferencia Episcopal y demás grupúsculos son conscientes de su potencial audiencia antes de decir nada en público. Yo no.

  2. Yo también estoy de acuerdo contigo, Jorge; porque de hecho siempre he criticado que cuando se trata de instituciones (véase lo que sobre el Gobierno y el 11M se ha dicho) no se hayan producido respuestas que deberían ser contundentes y por vía judicial contra cada “profesional” que ladra sus soflamas. Pero hasta ahí. Si alguien se plantease cerrar Intereconomía subiría 10 puntos de ‘share’. No creo en esa forma de combatir el odio por dos cuestiones: la que planteaba antes (complicación sobre la limitación de un derecho fundamental, que depende de en qué manos caiga y con qué fin) y, además, porque no es una vía eficaz para conseguir ese propósito; más bien para todo lo contrario.

    Y como tú has dicho, efectivamente, hay quien les está dando una importancia que no tienen, y quien dice comprar ‘La Gaceta’ por hacer la gracia. Pues bueno, nos lo tendríamos que hacer mirar.

  3. De acuerdo con mi tocayo, pero. ¿De verdad que el camino es ignorar? Hitler fue democráticamente elegido y su persecución del pueblo hebreo fue ignorada durante mucho tiempo porque se ignoraba el radicalismo en sus mensajes iniciales y se siguió la inercia. Creo que en casos como el llamamiento a la caza de socialistas o al golpe de estado las cadenas y medios deberían ser sancionados. Y es obvio que Intereconomía y similares no sobrevivirían a las cuantías reclamadas por sus mentiras y barbaridades.
    Y quizá que la banda de animales, facinerosos, golpistas y sinvergüenzas que hoy campan a sus anchas en los medios aprendan que la mentira y la exaltación del odio no quedan impunes sea un camino más apropiado que ignorar para que hagan poco ruido.
    Aunque desde luego comparto que la publicidad que se les hace desde programas como el Intermedio en realidad no beneficia nada a la normalidad democrática.

    • David Martín Morales
    • 12 enero 2011 12:27pm

    Precisamente ayer leí un artículo sobre marketing y como remarcar las diferencias entre distintos grupos podía hacer que se vendieran más.

    Creo que todo lo que sea comparar, hacer mejor o peor a unos y a otros conlleva introducción de miedo, anoche me dieron un discurso vía telefónica, en el cual afirmaba que los musulmanes dominarán el mundo usando el vientres de sus mujeres (palabras o textuales o casi, ve intereconomía, sí), que pretendo decir con esto, el miedo nos hace más fácilmente controlables y más reaccionarios, nos da una cohesión (para mi falsa) frente al enemigo, y es utilizado como en marketing para conseguir unos objetivos determinados.

    Dicho esto, me enrollo como las persianas, a tus preguntas, la libertad de expresión, no existe como tal, pues hay delitos, como enaltecimiento del terrorismo, que chocan de forma frontal con este, no se puede decir cualquier cosa. Pues sí, debe haber un código que impida al igual que con el terrorismo que se digan burradas xenofobas, homofobas o contra determinados colectivos, para dar un enfoque correcto y algo más integrador, porque esa estrategia de marketing, por lo menos es poco innovadora, y al final como me dijeron y lo he tomado como mantra personal: Todos somos mitad hijos de Dios, mitad hijos de … :)) (no voy a poner tacos en tu blog, para que no me censures :PP

    Saludos!

  4. Para mí la respuesta es sencilla: el límite está donde está la legislación vigente, que ya protege el derecho al honor (y similares).

    Si mañana alguien quisiera cerrar Intereconomía o Libertad Digital o pretendiera eliminar del espacio televisivo a María Antonia Iglesias o Enric Sopena yo saldría a manifestarme con cualquiera de ellos. ¿Cómo regulamos objetivamente lo que es el odio? No se regula tanto en los medios como en las personas individuales; y eso en España ya está legislado. Gallardón fue a los tribunales contra Federico Jiménez Losantos y le dieron la razón; pero cerrar medios de comunicación de manera global me parece una barbaridad por radical o bestia que sea su actividad y siempre, insisto, que dicha actividad no sea ilegal. No es necesario regular lo que ya existe. A día de hoy un periodista puede ser suspendido judicialmente en el ejercicio de su profesión si sobrepasa la línea.

    Evidentemente, el Tea Party tiene una responsabilidad indirecta sobre lo que ha ocurrido; como se la podríamos achacar a determinados medios radicales en España si ocurriese algo similar. El que el tipo que ejecuta el acto sea un pirado no es excusa, porque alguien ha alimentado que ese pirado en lugar de convertirse en un trol en la red la emprenda a tiros en un acto político contra quienes está puesta la diana. Esa responsabilidad moral y ética debe exigirse, y es la sociedad la que debe elegir lo que consume. Pero prohibir cubre de un aura de legitimidad y persecución que no es muy útil para apagar la llama. Al contrario.

    Intereconomía, especialmente en su versión radiofónica, anima a sus oyentes al golpe de Estado y a la matanza de socialistas (en serio, hay programas de madrugada maravillosos); pero hay una cosa en la que la mayor parte del PSOE (que nunca se mete a la denuncia judicial) hace bien, y es ignorar. El momento en que hay batalla los locos minoritarios cobran relevancia. El propio J. Losantos dijo una vez que él nunca fue nadie hasta que un día Gabilondo le contestó en antena. Ahí empezó todo.

    La libertad de expresión no se puede limitar; pero nosotros sí podemos limitar las consecuencias de ciertas formas de entender esa libertad.

    Quizá el caso americano sea distinto, porque allí el Tea Party y los suyos dedican enormes cantidades de dinero a la causa y tienen fuerza y apoyo suficiente para liarla parda; pero el odio debería ser contrarrestado con información de la realidad. Las limitaciones legales con conceptos tan subjetivos como “odio” me dan mucho miedo.

    Un saludo.

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