Confesionalidad, aconfesionalidad, laicidad, laicismo

Estos días, se ha vuelto a hablar del tema de la separación Iglesia-Estado por el tema de la manida asignatura, «Educación para la Ciudadania». Asignatura que a mí me parece muy bien, siempre que los valores, temario, etcétera, sean transversales y consensuados, y no dichos sólo por una parte del espectro político.

Antes de entrar en materia, quizá deberíamos recordar algunas cosas:

España, pasó de un Estado Confesional (era la religión del Estado, y todo español, a priori, era Católico) a Aconfesional (no hay religión del Estado, pero el Estado tendrá relaciones con la Iglesia Católica, y «demás confesiones»). El siguiente paso lógico, como en Francia, sería el Estado laico; la laicidad; no hay relación entre Estado y Religiones; son dos esferas distintas; como la materia y la antimateria.

Hay doctrinas que dentro de la laicidad hablan de dos posibilidades: «laicidad en sentido positivo», y «laicidad en sentido negativo, o laicismo».

La laicidad en sentido positivo, implicaría un «Estado con una neutralidad religiosa positiva» (El Estado reconoce el derecho a la libertad religiosa de los ciudadanos y favorece su ejercicio, sin hacer suya ninguna religión en concreto ni discriminar a ningún grupo por razones religiosas)

La laicidad en sentido negativo, implicaria un «Estado con una neutralidad religiosa negativa» (El Estado considera las religiones más bien como una actividad peligrosa para la convivencia, que debe por tanto ser ignorada, marginada y aun políticamente reprimida)

El problema, es que estas dos definiciones muchas veces se tocan; y es muy probable que lo que para unos sea laicidad en sentido positivo, sea para otros laicismo, y viceversa.

Pero en cualquier caso, yo, que estoy a favor de un Estado laico, me considero totalmente en contra, y lucharía contra ello, de un Estado que entendiera que el concepto de religión o fe es una actividad que haya de ser considerada peligrosa, o reprimida. Pero estoy en contra igualmente, de que la «laicidad en sentido positivo», implique que el Estado se ha de implicar de cualquier forma, o ha de intervenir de cualquier forma, o ha de poner un solo euro, en cualquier religión o fe.

Todo esto viene a cuento de que en estos días, el Presidente Zapatero, dijo (y con razón), que ninguna fe puede imponerse a la ley. Y a través de Cañizares, La Conferencia Episcopal, ha dicho que «el laicismo no puede estar por encima de la ley». Y también tiene razón; entendiendo laicismo como una cosa distinta de laicidad.

O sea, que ambos tienen razón, porque ambos están hablando de ámbitos competenciales distintos.

La Iglesia no se puede oponer a la aplicación (a la ley si se puede oponer, pero ha de cumplirla), de una ley, le guste más o menos (siempre que sea una Ley que no atente contra la Constitución).
Y el Estado no puede obligar a nadie a que tenga una fe o deje de tenerla, o que para sí mismo, la aplique de una forma u otra (en tanto en cuanto no entre en colisión con la Libertad de los demás, la Seguridad e Igualdad jurídica.)

El Estado no está por encima de la Fe. Ni la Fe por encima dle Estado; son dos cosas totalmente distintas; el Estado sirve para la administración social de una colectividad heterogenea. La Fe tiene otros motivos y otros objetivos; según sea la religión.

Pienso que en España, tenemos el problema de tener una situación, constitucionalmente hablando, «a medias».

La Constitución, dice que el Estado es «aconfersional», y «obliga» a tener relaciones con la Iglesia Católica y «demás confesiones», poniendo en un punto preeminente a la Iglesia Católica con respecto a las «demás confesiones». Y aquí es donde veo el error; porque, si son dos esferas distintas; ¿Por qué han de tener terreno común para compartir?
Pienso que la Religión, puede adoctrinar a sus fieles sobre incluso qué votar y qué no votar; pero no puede tratar de imponer sus planteamientos a todo el espectro social; católico o no.
Igualmente pienso que el Estado no puede tratar de «ocupar toda clase de espacios», incluso el moral, y dejar sin espacio a la esfera de la Religión. (y eso se puede hacer de muchas maneras; por ejemplo, no dejando tiempo material a los alumnos para que «fuera de la escuela», fueran a clases de religión, si sus padres así lo deciden. Es decir; que aquí es muy fácil colarse para un lado o para otro.)

Porque, al final, llegamos a un tema: ¿Quiero que con mi dinero se paguen mezquitas?¿Y sacerdotes?¿Mezquitas no pero sacerdotes sí?¿Y cómo lo hacemos para que esto sea igual para todos; tanto para católicos, como musulmanes o ateos? Pues muy sencillo; el Estado no puede intervenir en ese tema; ni con medidas que la fomenten, ni con medidas que las perjudiquen (y eso se hace por medio de la intromisión del Estado en campos que no pertenecen al Estado, como la «moral»)

Quiero una Iglesia que luche por sus ideas como quiera; que trate de llevar la moral de sus fieles para donde quiera; pero no que trate de poner leyes morales a ámbitos que no son de leyes morales.

El Estado nos acoge a todos; creyentes y no; y no puede hacer leyes a favor de los creyentes y en contra de los no creyentes; ni viceversa.

Si quiero dar dinero a la Iglesia, he de hacerlo yo, no el Estado; porque igual que a unos no les gusta que el dinero público vaya a las mezquitas, a otros no le gustara que vayan a iglesias. Y tan legítimo es uno como otro.

Con respecto al tema «separación Iglesia-Estado», digamos que hay dos modelos distintos: el americano y el Francés.

En Francia, se llega al punto de que el Presidente no jura; es nombrado, firma y punto.
En Estados Unidos, no hay religión oficial; pero el «concepto de Dios» está muy metido en todas partes; es un estado absolutamente laico, pero el concepto religioso está muy metido en todas partes.

Un tema interesante, sería preguntarnos, en España, cómo está el tema…¿España hoy en día es (no a nivel jurídico, sino a nivel social) una Sociedad que quiere un Estado Laico, Aconfesional o Confesional?

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  1. Sobre la condicion laica del estado, y hablando como uno de esos paradójicos católicos practicantes y de izquierda (¿radical?), he de decir que es mi opción preferida: un término medio entre la obligatoriedad de estudiar los fundamentos de la Iglesia Católica (y de hecho casi profesarla por narices) y la prohibición de mostrar en lo más mínimo tu confesión religiosa (léase tanto el velo como la empleada inglesa despedida por negarse a esconder un crucifijo chiquitín al cuello).

    En el caso del Estado Español, creo que los convenios con la Santa Sede deberían revisarse MUY a la baja. En todo caso, maneter generosas subvenciones para el mantenimiento y promoción de lo que de la Iglesia Católica en el Estado es patrimonio cultural como serían hermitas, catedrales y archivos.

    Lo demás, a base de los donativos de los fieles. Y si no llegan a fin de mes, que se lo curren como, mal que me pese decirlo, los evangélicos por ejemplo. De hecho es así como se lo monta la Iglesia en países como Colombia, caso que conozco de primera mano, y sin muestras de precariedad.

    Eso sí, si se me permite la «boutade», también sería MUY beneficioso que se descargase de valor social a las BBC (Bodas, Bautizos y Comuniones) que, sin desmerecer la importancia de los sacramentos, no hacen más que llenar las iglesias de hordas de amigos y familiares del todo irrespetuosos con el lugar y el momento al que les han invitado vivir. Ni un BBC para quien no esté al corriente de pago del diezmo y si no, que lo pague aparte. De 1000 a 3000 euros, que visto los presupuestos de estos bodorrios es una ganga.

    Perdón, pero he tenido que sufrir demasiadas misas-BBC. Además, las BBC no sólo saturan el espacio de la iglesia sino el tiempo y paciencia de párrocos, vicarios y colaboradores.

    Otro tema más concreto: la Educación por la Ciudadanía.

    Sobre esto, por autoimposición, me abstengo de pontificar hasta que me empolle la extensa declaración de la Conferencia Episcopal Española. Aunque mucho me temo que me sirva para reafirmarme en lo que dije en mi blog (Recomano llegir el full parroquial) y siga deseando que esos obispos son, realmente, de la Conferencia Episcopal de Estonia que se se han venido de veraneo y que para mí no haya más «CE» que la Tarraconense, que son mucho más comedidos.

    A lo que iba, hay que vigilar muy mucho que el temario no sea sectario, que se pueda adaptar con el ideario de cada colegio, y que sirva realmente para lo que debe servir: que todos podamos tener un mínimo común denominador en usos y costumbres que nos haga más cívicos, tolerantes y toda una serie de virtudes guais que ahora no se me ocurren.

    Ite Misa Est.

  2. Yo creo que quien corresponda no se da cuenta de que hay quien está preparando una tormenta política para poco antes de las elecciones.
    La batalla contra la «Educación para la ciudadanía» va a ser la punta de lanza de los conservadores españoles frente a los progresistas.
    Hay que empezar a crear ambiente para defenderse de la que se viene encima.
    ¿Cuándo empieza el curso? Pues ese día empezará el follón. Primero en una capital de provincias (¿Toledo?) para terminar en Madrid. De libro. La red tiene que empezar a advertir lo que se viene encima.
    Yo disolvería antes.

    LUIS SOLANA

  3. El nexo entre religión, cualquiera de ellas, y el Estado es el dinero. Al margen del buen planteamiento del artículo lo único que queda por discutir es la autofinanciación de cada religión. Si por ello yo confeso alguna religión lo mejor será que me rasque el bolsillo y la mantenga. Personalmente repudio cualquier tipo de fe, eso si, respetando a aquel que profesa alguna, la que sea. Y en este punto, en el del dinero, es en el cual discrepamos los ateos (si acaso agnóstico) con los católicos, por ejemplo. La Iglesia, como organismo financiero que es, tiene y mantiene su propia economía. Yo creo que su única solución, ya que no quiero que se financien con mi dinero, es que salgan a Bolsa.
    Saludos.

  4. Entiendo tu argumento; y me parece muy bueno; lo que pasa es que si lo estiro, me lleva al punto de que entonces el Estado en un momento dado, ya quea dinero a las Iglesias, algo podría decir sobre ellas, o presionarlas; o la Religión en el Estado, ya que el Estado la ha reconocido…

    Por otro lado; para mí, (y ojo, yo tengo un sentido…trascendente, del Mundo; es decir; sí tengo algún tipo de sentimiento religioso dentro mía) la religión ha de ser algo de ámbito privado, y en todo caso socio-grupal, no estatal; y al igual que a tí no te molesta que se dé dinero público a la Iglesia, hay gente a la que sí puede molestarle (o cambia a la Iglesia por «mezquitas»); y nos llevaría a un tema que daría para un libro, el de «hasta qué punto el darle dinero a las Iglesias es una forma lícita de tener ‘paz social’, o hasta qué punto ha de utilizarse el erario público para fomentar aquello que por definición, no es para el bien común, sino sólo para aquellos que tengan el don de la Fe.

    De todas formas, tu argumento, me deja pensativo…

    En cualquier caso, déjame coger tus palabras: «Lo que sí me irrita es cuando líderes de ciertas religiones, se creen ostentar poder político cuando no han sido electos. Sólo pueden hablar en su nombre y, como mucho, en el de sus fieles, pero no en el mío. Y, sin embargo, en ocasiones, quieren imponer su discurso a la sociedad. Y eso no.»

    Precisamente por eso, para evitar ello, el Estado no PUEDE meterse en temas de la FE (ni siquiera en la organización interna de las Iglesias). Igual que la Iglesia, una vez aceptada una Ley, no puede oponerse a ella (en circunstancias normales). Y para evitar ello, es mejor que no haya dinero común de por medio.

    Saludos

    Javi

    • Miguel Ángel
    • 24 julio 2007 3:14pm

    Probablemente y especialmente las generaciones más jóvenes, un estado laico.

    De todos modos el problema no es ¿qué quiero que se pague con mi dinero? Vivimos en sociedad y, obviamente, ésta necesita dinero y ha de ser suministrado por sus ciudadanos. Siempre habrá cosas que se financien con ese dinero en los que uno no estará de acuerdo. No obstante, la estabilidad de la convivencia depende de saber tolerar, negociar y, también, exigir.

    Yo soy ateo. Y no me molesta, en absoluto, que con mis impuestos se sustente una confesión religiosa. Me parece natural. Por ejemplo, a mí, personalmente, me gusta utilizar las instalaciones deportivas de mi ciudad que han sido construidas y son mantenidas con el dinero de todos. Incluso personas que no practican deporte. Bueno, eso es lo que tiene pertenecer a una comunidad.

    Lo que sí me irrita es cuando líderes de ciertas religiones, se creen ostentar poder político cuando no han sido electos. Sólo pueden hablar en su nombre y, como mucho, en el de sus fieles, pero no en el mío. Y, sin embargo, en ocasiones, quieren imponer su discurso a la sociedad. Y eso no.

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