A veces es necesario irse a casa

La vida política es muy curiosa; porque se rige exactamente por el contrario de la vida normal.

En la vida normal uno es inocente hasta que muestre lo contrario. En la vida politica, uno es politicamente culpable hasta que se muestre lo contrario.

Y si alguna vez algo te salpica, poco puedes hacer; los efectos colaterales, en la mayoría de los casos, no te dejarán continuar.

Imaginemos: Eres ministro Portavoz. Y resulta que se dice que tu hermano se ha estado lucrando con unos terrenos, o qué se yo.

El proceso «penal», sigue su camino, lento y tortuoso…Pero políticamente…¿Qué?. Imaginemos que tú no tenías ni idea del tema, y están investigando si es cierto que no sabías nada…

¿Qué has de hacer?¿Seguir en el cargo como si nada? Aunque lo intentaras; ¿Podrías? Porque ahora la gente te miraría de otra forma, cuando tienes que reunirte con los medios de la Prensa, o con grandes empresarios, o con ministros extranjeros… ¿Harás el trabajo, por el bien de tu país, igual de bien? Y sobre todo. ¿Tendrás la misma credibilidad que antes, mientras se investiga y no? ¿Tendrás el mismo margen de maniobra que antes?

Porque aquí viene también el papelón del superior: El Presidente…¿Ha de cesarte o pedirte tu dimisión? Eso implicaría que condena a su colaborador, o que reconoce que es posible que hiciera un nombramiento que no estaba a la altura del cargo; pero por otro lado, si le hace seguir, se puede ver como «que aquí hay algo que no está claro», que el Presidente está amparando y tapando la corrupción, o qué se yo.

Por eso, en este tipo de temas, cuando la cosa llega a uno, malo.

Supongo que es lo que le tuvo que pasar al Presidente González con Serra con el caso Crillón, al Presidente Aznar con Rato con el HSBC, o al Presidente Zapatero con Magdalena Álvarez (sabe que erró nombrándola Ministra, pero si la cesa deja claro que reconoce que se equivocó al nombrarla).

Pues eso, más o menos, es lo que le ha pasado a Alberto Gonzales, saliente Fiscal General del Estado (O Secretario de Justicia, tanto monta) en Estados Unidos, mano derecha de George W. Bush, justificador legal de Guantánamo, etcétera.

De Alberto Gonzales dicen, que es el latinoamericano que más alto ha llegado en USA (mentira; ¿Qué clase de hispanoamericano es él, si no habla ni una palabra de Castellano?). Y ha sido el primero en caer, por una razón muy sencilla: Porque la mujer del Cesar, no sólo ha de ser virtuosa; sino que además ha de parecerlo. Y Gonzales, no sé si lo ha sido, pero en cualquier caso, no lo ha parecido. Y despidió a 8 fiscales sin la necesaria justificación Presidencial, y parece ser que podrían haber motivos políticos.

Total, que le ha presentado la dimisión a Bush, y se hará efectiva el día 17 de Septiembre. Bush, se ha deshecho en elogios hacia él, sí, pero le ha aceptado la dimisión. Porque, por todo lo que llevaba «encima», no era, y no podia ser, eficiente en el puesto de Fiscal General.

Para continuar en un cargo público, aspectos legales aparte, hacen falta tres cosas:

1.- Confianza del que te nombra.
2.- Confianza de tus interlocutores habituales por el Cargo. (Por ejemplo; si eres Ministro Portavoz, confianza y fluidez con la Prensa)
3.- Confianza de la gente de la calle; o al menos, que no tengan la sensación de que…»mejor que pongan ya a otro».

Si falla alguna de las tres, mejor vete a casa.

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  • Comentarios (3)
  1. Lo de Gonzales se venía venir desde el momento en que los demócratas controlaron el Congreso. Bush repitió algo muy habitual en los presidentes reelegidos. El último ejemplo sería Reagan. Colocó al frente del Departamento de Justicia a un hombre fiel en el que podía confiar. Para que ejerciera desde esa posición de guardián de la Casa Blanca, para evitar problemas con la justicia. Reagan lo hizo con Edwin Meese. Ambos han durado dos años, hasta que los rivales recuperaron la mayoría en el Congreso.

    También tenemos el caso de Kennedy que puso a su propio hermano, quien no puede decirse que tuviera mucha experiencia. Pero le garantizaba un control más directo de la justicia o del FBI para evitar investigaciones incómodas sobre sus amigos que le ayudaron a alcanzar el cargo.

    Ahora andan en la búsqueda de un insider de Washington para agradar al Congreso.

  2. La dignidad y el decoro nunca han sido obstáculo para la ambición de los políticos españoles, de modo que difícilmente me sentiré culpable por pensar mal de ellos incluso cuando mis motivos no sean del todo fundados. Comprendo que hay algo de pueril en esta actitud, pero por oposición a la perversidad de los politicastros, me siento en paz de espíritu. Que deberían largarse cuando existen motivos para hacerlo supongo que lo compartimos todos, pero eso no parece haber sido jamás el estilo nacional. No importa la gravedad de los pecados que uno cometa, siempre puede encaramarse en la cima de la ola de la política, que fluye y arrasa sin reconocer más autoridad que la del propio partido, y cuyas normas internas raramente coinciden con el las del bien de España. Somos así. Tristemente.

  3. Aunque quien asume ser parte de la vida politica, se asume como culpable antes siquiera de ganar un cargo, la politica es un pueblo habitados por culpables, pocos dimiten, pocos son honestos con ellos mismos.

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